¿De verdad se creía superior a los verdaderos Ortega solo porque su madre pertenecía a la familia?
Por puro instinto, miró a Enzo, convencida de que le molestaría la actitud de esa prima que había llegado de la nada a quedarse con parte de sus acciones.
Pero, para su sorpresa, Enzo asintió con total naturalidad:
—Sí, mejor no te molestamos. Ceci, si ya estás cansada, puedes irte a descansar de una vez.
—Que te lleve Agustín —añadió Enzo, señalando al mencionado.
Agustín no puso objeción alguna.
Sin embargo, por muy poco que supiera de protocolos, Cecilia no pensaba irse tan temprano de un evento como aquel.
Tampoco es que realmente se hubiera criado sin educación alguna en medio de la sierra.
—Ya sé. Enzo, atiende primero a tus enemigos —bromeó ella.
Enzo soltó una carcajada; no aguantó la risa.
¡Y vaya que eran enemigos!
—Oye, Ceci, no digas eso. Tu primo y yo nos peleamos en el pasado, es verdad, pero ¿que no ya arreglamos nuestros malentendidos?
A Máximo no le hizo ninguna gracia ese comentario.
—¿Ya aclararon los malentendidos y el rencor se esfumó por arte de magia? —Cecilia le echó una mirada extrañada—. Entonces, ¿por qué trajiste a alguien nada más para fastidiar a mi primo?
La sonrisa de Adriana desapareció por completo.
Esa rancherita no tenía pelos en la lengua.
¿Cómo que estaba ahí "para fastidiar"?
Sabía que Enzo no la soportaba antes, pero después de tantos años viviendo en el extranjero, cualquier resentimiento ya debía haberse olvidado, ¿no?
Además, le había preguntado a Máximo y resultó que Enzo no se había deprimido ni se había metido de monje por un simple fracaso amoroso.
Al contrario, ¡había salido con un montón de chavas en todos esos años!
Eso demostraba que Fabiana ya ni le importaba.
Justo por eso, Adriana había convencido a Máximo para que la llevara a la fiesta.
Ella creía que todo era agua pasada, pero, por lo visto, el principal ofendido no había olvidado absolutamente nada.
—¡Yo la traje para que hiciera las paces con tu primo! ¿Por qué dices que viene a fastidiar? —Máximo se sintió ofendido por la acusación.
Cecilia no supo qué responder ante semejante tontería:

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