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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 881

—Max, Enzo, ¿no me la van a presentar?

Adriana clavó la mirada en Cecilia a propósito.

Dudaba mucho que, al hacer las presentaciones, la excluyeran a ella.

—No hace falta que te presente a mi prima, al fin y al cabo, ustedes dos no van a tener nada que ver en el futuro —respondió Enzo sin una pizca de tacto.

Eso hizo que Máximo se tragara las palabras cuando estaba a punto de presentarla.

Sorprendentemente, le dio la razón a Enzo; si nunca iban a coincidir, no tenía caso presentarlas ahora.

Además, su abuelo Esteban ya había presentado a Cecilia hacía un rato.

Si acaso, le tocaría presentar a Adriana ante Cecilia.

Pero Adri y Cecilia pertenecían a mundos distintos, ¿acaso llegarían a ser amigas algún día?

Máximo recordó cómo Cecilia se había bajado de la moto de Enzo de un salto, ágil y decidida. Eran polos opuestos.

Sin necesidad de preguntarle a nadie, supo que jamás serían amigas.

Adriana miró a Máximo, y al ver que este no abría la boca, sintió un nudo en la garganta por la indignación.

¿A qué se refería con que "no iban a tener nada que ver"?

¿Acaso sugería que ella no estaba a la altura para juntarse con alguien como Cecilia?

¡Tampoco es que fuera la gran cosa ser la heredera de los Ortega!

¡Y ni siquiera llevaba el apellido Ortega todavía!

Esa noche, acompañando a Máximo, había escuchado algunos rumores: decían que esa muchacha se había criado en un pueblo alejado.

Por mucho que los Ortega la hubieran acogido de nuevo, ¿no dejaba de ser una rancherita?

¿Acaso ella valía menos que una simple chica de pueblo?

Adriana se moría del coraje, pero sabía que no podía hacer nada.

Enzo siempre había tenido ese carácter desinteresado, le valía madres lo que sintieran los demás.

Como no pudo controlarlo a él, por eso había elegido a Máximo.

¡Pero quién iba a pensar que Enzo la rechazaría a ella para fijarse en Fabiana!

¡Eso era lo que más le encabronaba a Adriana!

Desde niñas, Fabiana nunca tuvo tanto carisma como ella, por mucho que sacara mejores calificaciones, tuviera mejor salud o fuera más bonita.

Con comentarios así, iba a matar a Adriana del coraje.

¿Acaso no veía que a la pobre casi se le salían los ojos de la envidia?

Está bien que ella misma diga que no está a la altura, pero ¿por qué él tenía que darle la razón con argumentos?

Nomás había que ver la cara de la chava, estaba verde del coraje.

—Me defiendo —respondió Cecilia, distraída.

No quiso darle mucha cuerda a Adriana, porque le caía pesada la gente así, como esa chica que se la pasaba jugando a intercambiar papeles con su hermana para engañar a todos en la escuela. Simplemente no soportaba a las personas falsas.

Podías no ser un genio ni destacar en nada, pero de ahí a inventarte una mentira de ese tamaño, había un abismo.

¿En qué se diferenciaba de gente manipuladora como Ivana?

—Supongo que querrán ponerse al día, ¿por qué no se van a otro lado? —les sugirió Cecilia a los tres.

Adriana se quedó con la boca abierta de nuevo.

Lo normal sería que uno se ofreciera a darles privacidad e irse, ¿no?

¿Qué le pasaba a esa tal Cecilia para atreverse a correrlos así nada más?

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