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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 884

Máximo tenía sus límites muy claros.

Tampoco es que necesitara emprender para sobrevivir.

Si podía pasarse la vida entera nadando en los billetes de su familia, ¿qué necesidad tenía de complicarse la existencia y quemar el dinero a lo tonto?

A Adriana le dio un tic en el ojo; con un mantenido así, de plano no había mucho que hacer.

—Creí que te animarías a hacer algo por ti mismo. Digo, tener tu propio proyecto es lo que haría que tus papás te tomaran en serio y vieran que ya maduraste.

—Si llegas a tener éxito, tendrías voz y voto en tu casa.

Máximo lo comprendió de golpe:

—¿A poco ahora te gustan los hombres así?

Adriana no se molestó en negarlo, solo le soltó su discurso más paternalista:

—Max, no es que yo busque a alguien así nada más porque sí, lo digo por tu propio bien.

—¿Qué, a poco no quieres taparle la boca a Enzo?

—Adentro ni siquiera te peló.

Adriana juraba que con eso le iba a picar el orgullo a Máximo, pero ignoraba que él ya había tirado la toalla en su eterna competencia con Enzo.

—Es verdad que Enzo anda con sus propios negocios, apenas me enteré hace poco. Pero quién diría que tú, estando en el extranjero, sigues tan al pendiente de él —comentó Máximo—.

—Se ve a leguas que te vuelven loca los hombres con ambición.

Máximo soltó un suspiro de la nada.

Enzo tenía toda la razón del mundo: Adriana y él eran como el agua y el aceite.

¿Cómo no se había dado cuenta antes?

Viéndolo bien, lo más probable era que Adriana jamás hubiera sentido nada por él.

—Yo nunca voy a ser así, y menos mal que ya me hice a la idea.

Máximo ya había aceptado someterse a los planes de sus padres; hasta prometida tenía.

Antes no hallaba cómo decirle a Adriana que ya estaba comprometido.

Ahora, al ver que por más que se esforzara la chica jamás iba a sentir nada por él, se quitó un peso de encima.

Por fin iba a poder darle carpetazo a ese enamoramiento de juventud.

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