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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 886

—Señora, no hay necesidad de ser tan dura con Máximo. Es su propio hijo, y sé que solo está diciendo estas cosas por mi culpa.

—Pero de verdad no tengo intención de causar problemas entre ustedes.

—Solo espero que dejen de tratarlo como a un niño; de lo contrario, nunca va a madurar.

—¿Acaso no quieren un heredero capaz de sostener a la familia, en lugar de alguien mediocre que viva a expensas de sus padres?

Adriana hablaba con tanta rectitud que cualquiera pensaría que simplemente estaba defendiendo a Máximo de corazón.

—¿Para que así se esfuerce por tomar el poder y luego te haga caso y sea controlado por ti?

Había que admitirlo, una mujer astuta como Natalia notó de inmediato la ambición de Adriana.

Solo su tonto hijo seguía creyendo que la chica era una mansa paloma.

—Señora, esas palabras suenan demasiado crueles. Máximo es su hijo, ¿acaso no confía en él?

—Solo somos buenos amigos, ¿cómo podría él dejarse controlar por mí?

Adriana puso cara de víctima y miró de reojo a Máximo.

A Máximo se le puso la piel de gallina.

No era bueno lidiando con este tipo de situaciones. Lo suyo era salir a divertirse y gastar dinero, pero frente a las mujeres, en realidad era bastante ingenuo.

Natalia sabía muy bien que esa mujer intentaba usar las debilidades de su hijo para dominarlo, así que decidió alejarlo de ahí.

—¿No dijiste que hoy venías a hacer las paces con Enzo? ¿Qué esperas para entrar?

—Ya me disculpé —respondió Máximo, sintiendo que ya había cumplido con su parte.

En ese momento, un coche se detuvo de golpe frente a los tres.

La ventanilla del conductor bajó, revelando a una mujer de cabello corto y aspecto profesional.

—¡Señora Cordero! —saludó Frida.

Había venido porque Natalia le había llamado por teléfono.

Como Natalia temía no poder controlar a su hijo, había pedido refuerzos.

De hecho, desde que era niño, su hijo le hacía más caso a Frida que a ella.

Esa mirada estaba tan cargada de autoridad que hizo sentir muy incómoda a Adriana.

También le hizo entender por qué Máximo siempre decía que esa mujer tenía muy mal carácter y que lo había mangoneado desde la infancia.

Era una mujer con una personalidad completamente opuesta a la suya.

Sí, parecía bastante machorra.

Era más que lógico que Máximo no sintiera nada por ella.

Se tranquilizó un poco, convencida de que jamás perdería ante una machorra como esa tal Frida.

—Hola, soy la mejor amiga de Max. Me llamo Adriana —se adelantó a presentarse.

—Acabo de regresar al país y quería ver a mis viejos amigos, por eso Max me trajo hoy.

—Espero que no te enojes con él.

Fue la primera en hablar, mostrando una expresión llena de disculpas.

Como si su relación con Máximo fuera mucho más íntima que la de Frida, a pesar de que esta última era su amiga de la infancia.

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