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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 887

—Ah... —Frida soltó una carcajada.

Se había topado con muchas personas engreídas en su vida, y no creía que las tácticas de Adriana fueran la gran cosa.

—Pues te equivocas, nunca me enojo con él.

Adriana no supo qué decir y volteó a ver a Máximo.

—Frida tiene razón. Nunca se enoja conmigo, la única que termina perdiendo los estribos es ella.

Ese tono de familiaridad contrastaba totalmente con la actitud que él tenía hacia Adriana.

Adriana por fin se dio cuenta de que Frida no sería tan fácil de manejar como las otras rivales que había tenido en el pasado.

El simple hecho de haber crecido juntos era una ventaja insuperable.

Por más que Máximo no estuviera enamorado de Frida, se conocían a la perfección.

Aunque no hubiera amor romántico, existía un vínculo casi familiar.

Y a veces, la familia era mucho más sólida que el romance.

—Ella es así, tiene un carácter muy raro. De niña solo pensaba en estudiar y ahora solo piensa en trabajar —explicó Máximo—.

—Adri, mejor ni le hables, no vaya a ser que te haga pasar un mal rato.

Frida se quedó ahí, escuchando cómo Máximo hablaba mal de ella, y lo miró con una sonrisa a medias.

Máximo sintió un escalofrío al notar su mirada.

—¡Te lo advierto, mi mamá está aquí! No me mires así, ¡aún no nos casamos, y la violencia doméstica es un delito! —exclamó Máximo.

Adriana pensó que Máximo se estaba portando como un completo cobarde.

Por muy fuerte que fuera el carácter de Frida, seguía siendo una mujer. ¿Acaso podría ganarle en una pelea?

Esa actitud tan sumisa daba pena ajena.

—¡Qué tonterías dices, muchacho! ¿Cómo crees que Frida te va a golpear? —le regañó Natalia, dándole un zape en la cabeza.

A Natalia no le importaba en absoluto que su hijo pareciera un miedoso frente a su futura nuera.

—Bueno, ya dile a tu amiga que se vaya, nosotras llevaremos a Frida a que conozca a los invitados.

Máximo tuvo una epifanía.

—¡Ah, cierto! ¿Cómo se me pudo olvidar? Es mucho más fácil usar la aplicación.

—No te preocupes, yo se lo pido. Ya me sé la dirección de su casa.

Rápidamente, Máximo solicitó el coche para Adriana.

—Max, no tienes que quedarte aquí esperando conmigo. Mejor entra, no quiero que Frida se ponga celosa después.

Al ver que Máximo ya le había pedido el transporte, Adriana no tuvo más remedio que dejarlo ir.

—Te vuelves a equivocar. Cualquiera podría ponerse celosa, menos Frida. No tiene corazón para esas cosas —replicó Máximo.

Recordó la actitud que Frida siempre tenía con él, como si solo fuera una herramienta para cumplir con la obligación del matrimonio.

Aunque él ya se había resignado, no podía evitar sentir frustración al lidiar con una mujer así.

—¿Cómo crees? Yo estoy segura de que a Frida también le gustas, solo que le da pena admitirlo.

—Aunque nosotros fuimos novios, eso ya quedó en el pasado. Ahora solo somos buenos amigos y no debemos dejar que ella malinterprete las cosas.

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