Entrar Via

Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 891

—Entonces te acompaño a la salida. Primero pasemos a un hospital —dijo Gonzalo, elogiándose a sí mismo en silencio: «¡Qué buen samaritano soy!».

—No hace falta ir al hospital, solo me torcí el tobillo. No es para tanto —dijo la hermosa mujer, bajando la mirada hacia su pie.

Estaba un poco rojo.

Gonzalo también lo miró. Las piernas de la chica eran muy delgadas, igual que sus tobillos, y lucían espectaculares con esos tacones plateados.

—Un pie tan bonito no se verá bien si se hincha. Tienes que ir al hospital para que te lo revisen. No te preocupes, yo me encargo de todo.

—Me llamo Gonzalo Vera, puedes decirme...

—Gonzalo —respondió ella con una expresión muy sincera.

Él se quedó pasmado un instante; la chica parecía bastante joven.

La mirada de Gonzalo sse volvió un poco más profunda y maliciosa, aunque ella no lo notó.

—Vamos, te acompaño a la salida.

Si Máximo los viera en este momento, se daría cuenta de que esta mujer del tobillo torcido era nada menos que Adriana, la misma a la que él había ayudado a meter en un taxi.

Adriana no se había resignado a irse así como así y regresó al hotel.

Su objetivo original en el baño era ir de pesca; había puesto los ojos en Agustín.

Pero también conocía sus propios límites.

Si no podía pescar a Agustín, elegiría a otro al azar.

Gonzalo era alguien a quien ya había estado observando durante la fiesta.

Debía de haber traído a su mujer al banquete. Una mujer que no era nada atractiva; no es que fuera horrible, sino que estaba gorda.

Había escuchado a alguien presentar a Gonzalo como un inversionista en el mundo del espectáculo.

Ese tipo de hombres nunca respetaban los límites y solían ser generosos con el dinero.

Usándolo como trampolín, hasta podría entrar al mundo del entretenimiento y ganar mucho dinero.

Las intenciones de Adriana eran sencillas: quería dar un paso adelante y convertirse en estrella, y si no, al menos sería la mujer de un hombre rico.

Aunque los hombres mayores no se comparaban con los herederos jóvenes, tenían ciertas ventajas que a los chavos les faltaban.

Por ejemplo, no le rendían cuentas a nadie.

Podían gastar todo el dinero que quisieran en una mujer sin que sus padres los regañaran.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana