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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 910

En su casa era la consentida, sus papás la mimaban muchísimo.

El día anterior ellos le habían tendido la cama, acomodado el clóset y su mamá hasta se aventó la limpieza general del cuarto.

Pero los papás eran una cosa, y el resto de la familia, otra.

De cualquier forma, ella nunca había visto a alguien tan servicial.

—Mi primo... —Cecilia pensó: «Si supieras que en su casa no mueve ni un dedo para servirse un vaso de agua».

Cecilia se guardó el comentario y solo le dio la razón a Mireya: —Yo también creo que es muy chambeador.

La verdad es que Enzo le había dado una tremenda sorpresa.

Nunca se imaginó que supiera limpiar un cuarto.

Lo vio tan metido en su papel, que cuando Cecilia intentó ayudar, él no la dejó.

—¡Mejor grábame en video! Ahorita lo mandas al grupo para que Valentín y Damián vean que elegirme a mí para acompañarte fue la mejor decisión.

Cecilia le hizo caso y empezó a grabarlo, mientras seguía platicando con Mireya.

En lo que echaban chisme, llegó alguien más.

Era una muchacha guapísima, de cabello largo y ondulado, y piernas muy largas.

Tenía pinta de fresa y venía acompañada de dos personas.

Una mujer vestida elegantísima, con toda la facha de señora rica, y otra con ropa más sencilla, que era la que venía cargando las maletas.

La princesita se buscó un lugar para sentarse: —Por fin llegamos. ¡Ay, no puedo creer que no tengan elevador!

—Sí, mi cielo, es una injusticia que te tengan viviendo aquí.

—Con lo flaquita que estás, a ver cómo le haces para cargar tus cosas después.

La señora elegante debía ser la mamá de la princesita.

—No se apure, señora. Yo voy a venir a la escuela dos veces por semana para llevarme la ropa de Maca a lavar —comentó la otra mujer.

—¡Ay, Marta, eres la mejor! —dijo la chica con voz mimada y una sonrisa.

Marta se puso en friega a tender la cama.

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