—Hola, soy el primo de Ceci —se presentó Enzo.
—Hola. —A Noelia este joven le resultaba familiar.
A Macarena le brillaron los ojos:
—¿Tú también estudias en nuestra universidad?
«¡Qué alto está el nivel de los chicos guapos en esta universidad!», pensó.
—Sí.
Macarena no tuvo tiempo de alegrarse cuando Enzo añadió:
—Pero ya me gradué.
La sonrisa de Macarena desapareció al instante.
Sin embargo, ella también sentía que el primo de Cecilia le resultaba conocido. Solo que por el momento no lograba recordar de dónde.
En ese instante llegó la última compañera de cuarto.
Lo primero que vieron fue un montón de costales de rafia grandes y pequeños.
Parecían el tipo de equipaje que lleva la gente de rancho cuando sale a buscar trabajo, así que Macarena perdió el interés con solo echarles un vistazo.
Cecilia, en cambio, se sorprendió un poco:
—¿Belén?
En efecto, esa última compañera era la misma que había estado con Cecilia en el campamento de invierno, la misma Belén con la que había participado en la Olimpiada Internacional de Matemáticas.
Pero Cecilia echó un vistazo a la última cama disponible y el nombre que estaba escrito allí no era Belén.
Se llamaba Estella.
—¡Ceci! —Belén se veía genuinamente feliz.
Tenía ganas de lanzarse a abrazarla.
Al principio estaba muy nerviosa por la vida estudiantil, y sobre todo temía no llevarse bien con sus compañeras de cuarto.
Después de todo, su familia era de muy bajos recursos y era muy probable que la vieran de menos por su aspecto humilde.
Pero si su compañera era Ceci, ese problema desaparecía.
Durante la competencia, Ceci no solo no la había menospreciado, sino que la había animado en repetidas ocasiones, diciéndole que eran buenas amigas.
—¿Conoces a esta chava de rancho? —Las palabras de Macarena no sonaban muy amables.

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