Terminaron de comer y, como no tenían nada programado para la tarde, Cecilia se encargó de recordarles:
—Chequen si les falta comprar alguna cosa. Escuché que el campamento de integración empieza mañana.
—Y si se esperan, tal vez ya no alcancen.
Su comentario hizo que las otras tres se acordaran.
—¿Entonces vamos de compras al rato? —propuso Macarena, que quizás no era buena para muchas cosas, pero en todo lo relacionado con comer, gastar y divertirse era una experta.
—Yo no creo ir —se apresuró a rechazar Estella.
El poco dinero que llevaba no estaba para despilfarrarlo.
Aunque sus compañeras se esforzaban por apoyarla, la diferencia económica entre ella y las demás era demasiado evidente.
Si iba con ellas, era muy probable que terminara haciéndolas sentir incómodas o limitadas.
Además, aunque Macarena no era mala persona, a veces soltaba unos comentarios muy pesados.
Estella no tenía ganas de ir de compras solo para estar aguantando malos ratos.
—¡Ay, vamos todas juntas! Así aprovechamos para conocer mejor lo que hay por aquí. —Mireya sí tenía muchas ganas de salir a dar una vuelta.
La situación de su familia no estaba nada mal; aunque lo que sus padres le daban para el mes era modesto, siempre podía pedirles dinero extra cuando se trataba de ir a comprar cosas importantes.
Además, iban a ir al campamento de integración al día siguiente; ¿cómo iba a dejar pasar esa última oportunidad de relajarse?
—¿A poco no te falta nada por comprar?
Macarena también insistió:
—Ándale, ven con nosotras. Aunque no compres nada, puedes acompañarnos y darnos tu opi...
No terminó la frase cuando se fijó en la ropa tan sencilla que llevaba Estella y corrigió:
—Olvídalo, la verdad dudo que sepas mucho sobre moda y buen gusto.
El rostro de Estella se tensó por completo.
Sabía que jamás podría encajar en los gustos de una niña rica como ella, pero que se lo dijera de forma tan cruel no dejaba de ser muy doloroso.
A Cecilia, Macarena le recordaba un poco a Josefina Ortiz, ambas tenían esa aura pedante que resultaba irritante.
Pero en el fondo no tenían mala entraña.
—Si Estella no quiere ir, no la obliguemos, la verdad yo tampoco tengo muchas ganas de salir.

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