—Mamá, no soy mi papá. Conmigo esos chantajes no funcionan.
Ese tal Ignacio sí que tenía corazón de piedra.
Instintivamente, Cecilia volteó a mirar a las personas de enfrente.
Justo en ese momento, vio que la señora se agarraba el estómago. Tenía el rostro pálido como el papel, pero como su hijo creía que estaba mintiendo, ni siquiera la volteaba a ver.
¡Si tan solo la hubiera mirado, se habría dado cuenta de que algo andaba muy mal!
—No estoy mintiendo... de verdad me duele.
La señora no aguantó más el dolor y se encogió en el suelo.
Cecilia se vio obligada a intervenir y le advirtió al chico:
—Oye, compañero, parece que de verdad le duele. No está fingiendo.
Ignacio por fin bajó la mirada hacia su madre.
—Mamá, ¿en serio te sientes mal?
Carmen lo miró con expresión lastimera.
—¡Te dije que me dolía la panza y no me creías!
—¡Te llevo al hospital! —La frialdad de Ignacio se transformó de inmediato en angustia.
—¡Pero todavía no me he tomado mi café! —se quejó Carmen, aferrada. Había hecho fila por tanto tiempo que le daba coraje irse sin comprarlo siquiera.
Cecilia se dio cuenta de que la señora era de esas personas que vivían para comer.
Mireya le dijo en voz baja:
—Señora, lo más importante es su salud. ¡Vaya rápido al hospital! ¡Nosotras le hacemos el favor de probar el café por usted!
Carmen volteó a ver a Mireya.
—Ay, muchacha, tienes toda la razón... pero es que yo...
—¡Ni que nada! ¡Al hospital! —exclamó Ignacio.
Hizo el ademán de levantar a su mamá en hombros para llevársela.
—¡Oye, espérate! ¡Le duele demasiado, mejor no la muevas! —lo detuvo Cecilia apresuradamente al ver lo brusco que era.
Ignacio frunció el ceño.
—Entonces, ¿qué hago?
—Si confías en mí, puedo ayudarle a calmar un poco el dolor mientras llega la ambulancia. Van a tardar mínimo unos quince minutos.
—¡Ceci! —exclamó Mireya. Aunque solía ser muy desinhibida, en ese momento sintió la necesidad de frenar a su amiga.
¡Meterse a ayudar en esas situaciones podía salir muy mal!
¿Y si a la señora le pasaba algo más grave y le echaban la culpa a ella?
—¿Estás segura de que puedes? —le preguntó Macarena, también dudando.

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