Claro que sus funciones podrían verse afectadas.
Pero la reacción de su padre hacía parecer que el mundo acababa de explotar en mil pedazos.
Simplemente no había cómo entender su drama.
—Oiga, señor, ¿acaso tienen un trono que heredarle al muchacho o por qué le urge tanto que tenga hijos?
El hombre soltó un fuerte suspiro:
—No es ningún trono, tenemos un pequeño restaurante. Pero el problema es mi madre...
Hacía años, como la mamá de Alan tardó en dar a luz a un varón, su abuela le hizo la vida imposible a la pobre mujer.
Hasta la relación de Rodrigo con su propia madre se fue al caño por esa razón.
Fue hasta que se animaron a tener un segundo hijo en secreto y finalmente nació Alan, que las aguas se calmaron en la familia.
Si su madre se llegara a enterar de que el nieto se quedó a medias y ya no podría darles descendencia, armaría un escándalo de aquellos.
¡Ellos ya no estaban en edad para tener más familia!
—Pues con que no le diga, se soluciona el problema —sugirió Cecilia, viéndolo como un hombre demasiado cerrado de mente.
—Además, ¿para qué le mortifica un negocio si su hijo está en la Universidad de Viento Claro? Lo más probable es que decida echar raíces aquí y ya ni regrese.
—¿Cuántas veces al año ve siquiera a su abuela?
Rodrigo no supo qué responder. Aquella joven tenía un punto bastante lógico.
El director Frías le lanzó una mirada a Cecilia antes de aclarar la situación con los padres de Alan:
—Ojo, nadie ha dicho que vaya a quedar estéril de forma definitiva. Todo depende de cómo vaya su proceso de recuperación.
—Haremos hasta lo imposible con su tratamiento.
—Tampoco es como para que se mortifiquen de más.
Era evidente que el matrimonio de los Serrano era gente trabajadora y sencilla.
Con lo que había dicho el doctor, no tenían de otra más que acatar las indicaciones. Le preguntaron al hospital qué suministros hacían falta y salieron de volada a comprarlos.
Querían tener todo listo antes de que el chico abriera los ojos.
Ya estaba decidido que la madre se quedaría a cuidarlo mientras el padre tendría que emprender el camino de regreso a su pueblo.
Su negocio no podía quedarse cerrado tantos días, o sus clientes de siempre se irían con la competencia.
Ese matrimonio era pura nobleza, cualquier otro par de padres histéricos habrían entrado armando un escándalo y buscando un culpable en la universidad.
«Si ni siquiera en un campamento escolar pueden cuidar de nuestros chamacos, ¿entonces para qué sirve la institución?» Ese habría sido el reclamo de rigor.

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