Amanda frunció el ceño ligeramente y sintió una leve presión en la muñeca. Bajó la mirada y se dio cuenta de que Lucas la estaba agarrando.
Sin dejarle hablar, Amanda se soltó con fuerza.
Lo miró fríamente, con un asco evidente en los ojos.
—No me toques con tus manos sucias.
Tras sus últimos encuentros, la actitud de Amanda le hizo ver a Lucas claramente un problema: lograr que ella volviera y lo perdonara no iba a ser tarea fácil.
Aunque ella lo había amado tanto antes, él le había destrozado el corazón.
Y además, estaba ese David al acecho, que para Lucas representaba la mayor amenaza.
Al ver su expresión distante, los ojos oscuros de Lucas se ensombrecieron un poco.
—Amanda, no estoy sucio. Nunca toqué a Olivia, de verdad, créeme.
Amanda sintió náuseas.
¿Cómo podía decir algo así?
Independientemente de si se había acostado con Olivia o no, estaba Pamela Corrales, ¿cierto?
Y además, ¿de verdad creía que ese era el punto?
Quizás antes lo hubiera sido, pero para la Amanda de hoy, eso no le importaba en lo más mínimo.
Lo único que le importaba era cómo meterlo a la cárcel y que se pudriera ahí.
Amanda sonrió con sarcasmo.
—Si te acostaste con Olivia o no, no tiene nada que ver conmigo. No tienes por qué darme explicaciones.
Él bloqueaba la puerta del coche y Amanda no quería perder el tiempo con él, así que decidió ir a buscar un taxi a la calle.
Se dio la vuelta para irse, pero Lucas dio un paso rápido hacia adelante y dijo con voz ronca:
—Amanda, mi solicitud de amistad... ¿por qué no la aceptas?
Amanda se quedó sin palabras.
Desde hacía unos días, Lucas había estado enviando solicitudes para agregarla, cambiando de número más de diez veces, y ella las había rechazado todas.


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