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Ciega por tu Mentira romance Capítulo 119

Lucas arrastró a Amanda hasta la salida de emergencia, cerró la puerta con seguro y la acorraló contra la pared.

Había desagrado e ira en su mirada, pero como la persona frente a él era la mujer que amaba, Lucas se obligó a contenerse.

—El Muelle Fortuna es muy importante para mí. Amanda, deja de jugar.

El Muelle Fortuna no solo era importante para Lucas, sino para toda la industria del transporte. En estos años, los muelles de Silvania habían pasado de ser públicos a privados; este era el último muelle en manos del gobierno y también el más grande.

Todas las empresas con capacidad querían intentarlo, por lo que la competencia era feroz.

Sin embargo, Lucas no tomaba en cuenta a las empresas comunes. Antes de ver a Amanda, naturalmente tampoco había tomado en serio a Transporte Rumbo.

La única razón por la que había investigado a esa pequeña empresa era porque no encontraban antecedentes de su dueño.

Pero ahora era diferente. Si la dueña de Transporte Rumbo era Amanda, la cosa cambiaba.

La espalda de Amanda presionaba contra la pared fría, pero a ella no le importaba en absoluto la actitud de Lucas.

—¿De qué tiene miedo, señor Salinas? ¿Tan poca confianza se tiene?

Lucas frunció el ceño y su voz se volvió fría.

—Amanda, ¿tienes que estar en mi contra? Ya te lo dije, puedo compensarte por el pasado. De ahora en adelante, te prometo que no volveré a contactar a Olivia, en mi corazón solo estarás tú. Amanda, deja de hacer berrinche, vivamos bien juntos, ¿sí?

Esa perorata solo obtuvo la burla de Amanda. Ella alzó la cabeza.

—¿Por qué crees que voy a volver? ¿Y por qué crees que todavía me importas? Lucas, desde el momento en que me acosté en esa mesa de operaciones para abortar, quedó decidido que entre tú y yo ya no hay ninguna posibilidad.

Lucas frunció el ceño con fuerza, y de sus ojos brotó una frialdad afilada como un cuchillo. Ese hijo que tanto había anhelado, ese hijo que consideraba un tesoro... ya no existía.

Cada vez que lo recordaba, a Lucas le dolía el corazón.

Lucas la miró fijamente.

—Amanda, ¿cómo pudiste ser tan cruel? También era tu hijo, ¿cómo tuviste el corazón para...?

Sí, ¿cómo tuvo el corazón?

Ese era un hijo que le había costado tanto sufrimiento, incontables tormentos mentales y dolor físico. ¿Cómo no le iba a doler?

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