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Ciega por tu Mentira romance Capítulo 157

Nicolás había convocado una conferencia de prensa. Abajo había muchos reporteros, y él, de pie frente a todos, se inclinó profundamente para mostrar su arrepentimiento.

Nicolás tomó el micrófono y se disculpó con sinceridad: —El asunto de la donación de la pintura falsa en la subasta fue, en efecto, un descuido mío. No importa cuánto me critiquen, un error es un error y lo aceptaré con gusto. Pero quiero explicarles que, antes de donarla, realmente no sabía que era falsa; siempre la guardé como una pieza auténtica y yo también soy una víctima. Por supuesto, mi error es un hecho, así que planeo donar una escuela primaria para los niños de zonas marginadas como compensación.

La imagen que Nicolás había construido ante el público siempre fue la de un buen hombre: culto, familiar y un caballero exitoso.

Sumado a su actitud humilde y llena de culpa en ese momento, parecía que realmente lo habían engañado y no sabía nada, lo que hizo que la gente sintiera que no debía seguir atacándolo.

Al terminar de ver el video, Amanda soltó una risa sarcástica.

Salió del chat y buscó en internet las publicaciones sobre la conferencia de prensa de Nicolás. Entró en una al azar.

Los comentarios apoyaban unánimemente a Nicolás.

La idea general era que Nicolás llevaba años haciendo caridad y que esto solo había sido un accidente, que no había necesidad de ensañarse.

También decían que la autenticación de pinturas antiguas requiere mucho ojo y capacidad profesional, y que como Nicolás no era un experto en coleccionismo, era normal equivocarse.

Amanda se recargó en la silla del comedor, con una mirada fría y burlona; ya tenía su propio plan.

Sacó su celular e hizo varias llamadas. Por último, marcó a la línea directa de un programa de noticias: —Hola, tengo una exclusiva que reportar...

***

Mientras tanto, Hugo, que aún no se había pasado el bocado de arroz, abrió la puerta de la habitación. Pero al ver a Mauro, soltó una carcajada y escupió todo el arroz.

Mauro puso mala cara, pero Hugo no podía dejar de reír: —Señor Díaz, ¿no dijo que los parches para la fiebre eran para niños? ¿Por qué se lo puso?

Hugo preguntaba lo obvio, solo por molestar a Mauro.

Mientras buscaba papel para limpiar el desastre en el suelo, bromeó: —Jefe, su favoritismo es demasiado obvio. Si se lo pongo yo, se niega rotundamente; si se lo pone la señorita Zúñiga, hasta estira el cuello. El señor Díaz es un mandilón de primera, nadie me creería si lo contara.

Capítulo 157 1

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