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Ciega por tu Mentira romance Capítulo 213

Era una sensación completamente nueva; quería mirarlo, pero sentía que no debía hacerlo.

Amanda se dio la vuelta apresuradamente, dándole la espalda a Mauro.

—Señor Pineda, me regreso primero.

Elías ya se sentía culpable por haberla dejado irse sola hace un momento. Ahora, después del susto del ascensor, era imposible que permitiera que se fuera por su cuenta.

Le quitó el bolso de la mano y sonrió con esa calidez que lo caracterizaba.

—Te llevo.

Amanda sintió las manos vacías y lo miró con sorpresa.

—Pero tu asunto...

—Está resuelto. Te cuento en el camino —dijo Elías.

Dicho esto, Elías se llevó a Amanda hacia la salida. Ella no volvió a mirar al otro hombre ni una sola vez.

Viendo cómo Amanda subía al coche, Hugo preguntó con preocupación:

—Señor, ¿quiere que lo lleve con el doctor Brook?

Mauro, con el rostro sombrío y la voz grave, respondió:

—No hace falta.

Al oír eso, Hugo no se atrevió a insistir.

Sin embargo, cuando las puertas del ascensor se abrieron hace un momento, ¿qué fue lo que vio? ¿El señor estaba forzando un beso a la señorita Zúñiga? ¿Acaso era un espectáculo que podía ver gratis?

De repente, Mauro ordenó:

—Consígueme una copia del video de vigilancia del ascensor y borra el resto de los registros.

Borrarlo era comprensible.

Pero, ¿una copia?

Probablemente solo el señor tenía una mente tan peculiar.

Por otro lado, Amanda ya iba en el coche.

Elías le contó que Ezequiel había estado extrañamente accesible hoy y no le puso trabas. Después de una charla breve, antes de que Elías pudiera argumentar más, Ezequiel se ofreció a revisar personalmente la documentación para la salida a bolsa si se la enviaba mañana.

Si Ezequiel decía eso, era casi un hecho que el asunto estaba resuelto.

—¿Qué pasó?

Amanda se apoyó en el barandal.

—Verónica, ¿alguna vez has oído hablar de una enfermedad donde el paciente tiene la piel muy pálida, sin color, temperatura corporal mucho más baja de lo normal, intolerancia al calor y espasmos generales durante las crisis?

Verónica lo pensó un momento.

—No, nunca he oído algo así. ¿Quién tiene esa enfermedad tan rara?

Si ni siquiera Verónica sabía del tema, la condición de Mauro debía ser extremadamente inusual.

—Solo preguntaba por curiosidad.

—¿Por curiosidad? Amanda, andas rara. Últimamente estás muy misteriosa. No me digas que estás saliendo con Ginés a mis espaldas.

Amanda se quedó sin palabras.

—Te estás imaginando cosas.

—Me preocupa no imaginarme lo suficiente —bromeó Verónica.

Amanda miró las luces de la ciudad y pensó que tal vez le estaba prestando demasiada atención a Mauro.

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