Amanda extendió la mano para que Frank la viera.
—Sí que tiene la cara dura. Mira, se me puso roja la mano.
Frank la examinó con todo el cuidado del mundo, y su expresión seria no era fingida.
—Ya valió. Si el Maestro se entera, seguro me va a dar una paliza. Las manos de mi artista estrella son un tesoro.
Olivia miró a Amanda estupefacta, su mirada pasando de la sorpresa a los celos puros.
Si Frank la llamaba "artista estrella", ¿entonces ella era la discípula final que Edward había aceptado hacía tres meses?
Resultaba que era ella.
Era la mujer frente a sus ojos la que le bloqueaba el camino.
¿Quién demonios era esta maldita y de dónde había salido?
En el gremio solo se sabía que Edward había aceptado a una joven aprendiz con un talento extraordinario, a quien quería mucho, pero esa aprendiz era muy misteriosa, nunca aparecía en público y ni siquiera se podían rastrear sus antecedentes.
Olivia soltó un bufido frío.
—Así que fuiste tú quien hizo que Edward me humillara hace tres meses.
Amanda tenía una mirada de desprecio y fingió no escucharla.
—Frank, ¿no sientes que se contaminó el aire?
Frank captó la indirecta al instante y llamó a seguridad.
—Saquen a estas mujeres. Y si alguien las deja entrar de nuevo, despídanse de su trabajo.
Elena quería protestar, pero Olivia la jaló con fuerza, clavando la mirada en dirección a Amanda.
—Mamá, esto no se acaba aquí. Vámonos.
Las dos fueron echadas de mala gana. Hasta que subieron al auto, Olivia seguía con el ceño fruncido.
Elena se desahogó y, al ver que Olivia no reaccionaba, se quejó:
—Olivia, ¿en qué piensas? ¿Te quedaste pasmada del coraje?
Olivia guardó silencio un buen rato.
—Mamá, tengo la sensación de que conozco a esa mujer, pero ¿quién es?
Al escuchar a su hija, Elena también notó algo raro.
—Ahora que lo dices, a mí también me resulta familiar. Hagamos esto: cuando regresemos, pondré a alguien a investigar los antecedentes de esa maldita para ver quién es realmente. Pero Olivia, tienes que darte prisa. La única razón por la que David no se ha divorciado de ti es porque cree que estás embarazada. Ya casi llegamos al mes en que se debería notar la panza; si David se entera de que le mentiste, no se va a quedar de brazos cruzados.
Al ver el deportivo rojo alejarse lentamente calle abajo, Amanda retiró la mirada.
—Claro que sí, pero tengo que ir a Silvania unos días. Espérame a que regrese.
Frank tomó la taza vacía que Amanda le tendió.
—Sin problema, con que aceptes me basta. Por cierto, últimamente han aparecido muchas falsificaciones tuyas en el mercado, y no son baratas.
Amanda ya había oído hablar de eso.
—La fama tiene su precio, pero esas copias baratas solo engañan a los novatos.
—Vale, haz como que no dije nada. Se me olvidaba que tú siempre te tomas las cosas con calma.
—
Domingo por la noche, Amanda y Víctor llegaron a Silvania.
Ginés estaba esperando fuera del aeropuerto. Al ver a Amanda, se adelantó impaciente y le dio un fuerte abrazo de oso.
Después de un buen rato, Ginés la soltó, sonrió levemente y con los ojos algo húmedos le dijo:
—Amanda, bienvenida a casa.

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