En el video se veían claramente dos rostros: la chica de la silla de ruedas y Olivia.
Olivia se puso lívida, temblando de pies a cabeza. Apretó los dientes haciendo un último intento desesperado.
—Ese video es claramente hecho con inteligencia artificial, yo nunca la he visto.
Elena la secundó de inmediato.
—¡Exacto! El video es falso, es esa maldita la que quiere perjudicar a mi hija.
Elena desvió la atención hacia Nina, mirándola con furia y tergiversando todo.
—Habla, ¿por qué quieres dañar a mi hija? ¿Qué intenciones tienes? Maldita, vas a ver cómo te enseño a respetar.
De repente levantó la mano para golpear a Nina, pero antes de que pudiera tocarla, Amanda le agarró la muñeca y la empujó con fuerza.
Elena la miró con odio.
—Otra vez tú. Ya lo sé, todo esto lo organizaste tú.
¿Apenas se daba cuenta? Qué lenta.
Amanda no se molestó en responderle y se dirigió al público:
—Cualquier experto sabrá de inmediato si el video es falso o no.
Nina tampoco tenía miedo; al aceptar denunciar públicamente a Olivia, se había preparado para todo.
Gritó:
—Además del video, tengo los registros de transferencias que Olivia me ha hecho todos estos años. Cada peso salió de una cuenta a su nombre.
Amanda ya había ayudado a Nina a conseguir los estados de cuenta. Nina lanzó los papeles al aire.
Cualquiera que levantara una hoja podía comprobar que lo que Nina decía era cierto.
Esta vez, Olivia no tenía escapatoria.


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