Al escuchar esto, una pizca de impaciencia cruzó por los ojos de Lucas.
—Amanda, no seas exagerada. Es un asunto muy complicado, tengo que ir.
Aunque no podía ver, ella podía escuchar su fastidio.
Amanda dejó de lado su habitual comprensión y se puso insistente:
—La empresa le paga a tanta gente, ¿acaso son unos inútiles? ¿Todo lo tienes que hacer tú personalmente?
Al segundo siguiente, Lucas se soltó de la mano de Amanda. Con el rostro sombrío y el ceño fruncido, dijo:
—Amanda, ¿estás siendo un poco ilógica? Solo voy a la empresa a resolver una emergencia, ¿qué te pasa? No te aproveches solo porque estás embarazada.
Se desesperó.
Tan desesperado que olvidó ocultar su verdadero yo.
Al escuchar el motor del coche abajo, Amanda sintió un dolor agudo en el corazón.
Aunque sabía por qué Lucas se había casado con ella, aunque sabía que no la amaba, igual dolía.
Unos diez minutos después, Amanda tomó una decisión desesperada. Agarró el teléfono y marcó un número.
—Hola, ¿es el hospital municipal? Quisiera pedir información sobre un legrado.
***
Al terminar la llamada, el rostro de Amanda estaba frío y serio.
Si iba a cortar, tenía que ser de raíz. Para este niño, tal vez eso también sería una forma de bondad.
Como era de esperarse, Lucas no regresó en toda la noche.
A eso de las nueve de la mañana, Simón, el asistente principal del Grupo Salinas, buscó a Amanda.
Simón le entregó a Amanda una exquisita caja de terciopelo rojo.
—Señora, este es un regalo del señor Salinas, un collar de perlas auténticas.
Amanda lo tomó y acarició las perlas, redondas y suaves. Un collar de esa calidad costaba una fortuna.
Amanda lo dejó a un lado.
—Ya veo.
Simón se sorprendió un poco.
Antes, cada vez que venía a traer un regalo, Amanda no reaccionaba así.
Se ponía muy contenta, incluso eufórica.
Era la primera vez que Simón veía una reacción tan fría.
—Señora, ¿se siente mal?
La expresión de Amanda era indiferente, sin ninguna alteración emocional.
—No, estoy bien.
El regalo probablemente lo eligió Simón. No solo esta vez; si no se equivocaba, todas las veces anteriores había sido Simón.
Pensándolo bien, en estos tres años, aunque Lucas le dio muchos regalos, parecía que ninguno se lo había entregado él en persona. A veces era Simón, a veces el chofer o llegaban por paquetería directamente a la casa.



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