C1-VIAJE DE RECONCILIACIÓN
MESES ANTES...
¿Pueden unas vacaciones salvar una relación?
Eso era lo que ella se había preguntado desde el primer día en México. Tenía sus dudas cuando Leo lo propuso, pero él insistió en que sería un viaje de reconciliación, una oportunidad para comenzar de nuevo. Desde hacía meses todo se sentía distinto entre ellos.
Las discusiones eran más frecuentes, los silencios más largos y el cariño... más forzado.
Ella sabía que ambos tenían parte de culpa, aunque en su defensa, pensaba que él ya no era el mismo hombre que le prometió el mundo aquella noche en la que huyeron juntos.
Porque después de fugarse de su propia boda y dejar atrás a su familia, Leo comenzó a acumular deudas y los pocos ahorros que había traído consigo se esfumaron rápido. Ella, acostumbrada a una vida cómoda y sin preocupaciones, tuvo que aprender lo que significaba empezar de cero.
Recordaba con amargura las primeras semanas en aquel pequeño departamento con goteras, los días de soledad, las noches en las que Leo volvía borracho, culpando a todos menos a sí mismo.
Aun así, lo aceptó.
Por una sola razón: lo amaba.
Sin embargo, ahora todo era diferente.
El sonido del mar frente al hotel de lujo no lograba calmar la incomodidad que sentía en el pecho, mientras veía a Leo reír con un grupo de desconocidos junto al bar, como si nada hubiera pasado, mientras ella permanecía en la terraza, observando el horizonte con un cóctel que ya se había derretido.
El cielo se teñía de naranja, y aunque la escena era perfecta, por dentro estaba vacía.
Pensó en Kate.
Su hermana, su otra mitad, la única familia que aún reconocía. Odiaba no haberse despedido antes de irse, porque a pesar de que siempre discutían, el silencio entre ellas era peor que cualquier pelea. Le dolía imaginarla en Londres, atrapada entre las apariencias y las exigencias de sus padres, mientras ella estaba allí, en el paraíso, tratando de fingir una vida perfecta que no existía.
Tragó saliva, mirando el reflejo de su rostro en el cristal.
No se reconocía.
—¿En qué momento me convertí en esto? —murmuró con una sonrisa amarga.
Leo apareció detrás de ella, con la camisa abierta y el mismo aire despreocupado de siempre.
—¿Por qué estás sola? Vamos, ven conmigo, la fiesta está increíble.
Ella lo miró sin responder, cansada de fingir entusiasmo.
—No tengo ganas —dijo—. ¿Además, de dónde sacaste el dinero para este viaje? La última vez...
Él bufó, molesto.
—Siempre estás igual, ¿sabes? Ni siquiera intentas disfrutar. Te traje aquí para arreglar las cosas y solo sabes poner mala cara y reclamarme.
—¿Arreglar las cosas? —repitió con una risa seca—. Leo, estás en un maldito hotel de lujo y hasta hace unos días no tenías para llenar el tanque de gasolina.
Su voz tembló un poco, aunque lo disimuló. Él la observó unos segundos, sorprendido por el tono, pero en lugar de responder, se encogió de hombros y se dio la vuelta, dejando tras de sí el olor del alcohol.
Ella quedó sola otra vez, con el rumor del mar y la cabeza llena de recuerdos. Quiso tomar el teléfono y escribirle a Kate, pero no lo hizo, porque sabía que su hermana le diría exactamente lo que temía escuchar: "Te lo advertí."
Así que suspiró y dejó el cóctel sobre la mesa, observando cómo el hielo se derretía por completo. A lo lejos, se escuchaba la música de la fiesta y las risas de Leo mezcladas con otras voces femeninas.
El corazón le pesó.
Y supuso que tal vez esas vacaciones no eran el inicio de algo nuevo, sino el final que no había visto venir.
A la mañana siguiente, Katerina se observó en el espejo del hotel, con el vestido floreado y el cabello recién planchado cayendo sobre sus hombros. La luz del sol entraba por la ventana y resaltaba las ojeras que ni el maquillaje podía disimular.
Entonces Leo golpeó la puerta del baño con impaciencia.
—¿Falta mucho, Kat? —dijo, con ese tono entre dulce y molesto que ya le conocía demasiado bien.
Ella bufó, ajustándose los aretes.
—Ya casi estoy lista, ¿puedes esperar un minuto?
Katerina no respondió, porque algo dentro de ella le decía que no estaban allí por una simple visita. Aun así, lo siguió cuando él la tomó del brazo y la guió hacia la entrada.
El interior era tan lujoso como ostentoso: mármoles, esculturas doradas, cuadros enormes de rostros que parecían observarlos al pasar.
Todo tenía ese aire de exceso que solo el dinero malgastado podía comprar.
De pronto, un hombre corpulento apareció desde el pasillo y la forma en que su chaqueta se abría dejaba ver el brillo metálico de la culata de una pistola.
Katerina se quedó helada.
—Vengo a ver a Esteban Carrera —dijo Leo con voz firme.
El hombre los observó unos segundos, evaluando a cada uno, pero sus ojos se detuvieron en Katerina, recorriéndola sin disimulo, antes de volver a Leo y finalmente, asentir.
—Síganme. Los está esperando.
El corazón de ella comenzó a latir más rápido. Leo dio un paso adelante, pero Katerina no se movió y lo llamó.
—Leo...
Él se giró con fastidio.
—¿Qué pasa ahora, Katerina?
—¿Quién es ese tal Esteban? No me gusta este sitio, mejor vámonos...
Él soltó un suspiro largo, y en un movimiento rápido le tomó la mandíbula, obligándola a mirarlo. Ahora su mirada era dura, sin rastro del hombre que le acababa de prometer una noche romántica.
—Ya basta de tus malditos berrinches —dijo con un tono bajo y helado—. Estoy harto, Katerina. Y si no quieres consecuencias, camina y hazlo con una sonrisa.
El shock la paralizó, porque las palabras la golpearon más fuerte que su agarre. No supo si era miedo o decepción, pero algo dentro de ella se rompió en ese instante.
Y sin decir una sola palabra, lo siguió.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
Faltan muchísimos capítulos...
que pasa entre los capitulos 330 y 419?...
Poor translation...