C1-ILUSIONES ROTAS.
AÑOS ANTES...
El auto se detuvo frente a la gran casa y Sara tragó saliva, apretando la mano de Mason con fuerza. Tenía apenas dieciocho años; su cabello negro caía liso sobre sus hombros y sus ojos oscuros, de rasgos coreanos, la delataban más nerviosa de lo que quería admitir. Mason, notando cómo sus dedos temblaban, se inclinó hacia ella y le besó la mejilla con suavidad.
—No estés nerviosa —susurró con una sonrisa segura—. Le gustarás a mamá.
Ella le devolvió una sonrisa tímida, aunque no pudo evitar admitir con la mirada que los nervios la dominaban. Mason volvió a besarla, esta vez en los labios, con esa firmeza que siempre le transmitía calma.
—Te va a amar… —murmuró contra su boca—. ¿Quién no podría amarte?
Sara bajó la vista, sonrojada, y él rió con ternura, como si la viera por primera vez.
Se habían conocido en la universidad. Ella estaba en su primer semestre de Administración y él ya cursaba dos años por delante. Su primer encuentro había sido tan inesperado como gracioso: Mason la atropelló accidentalmente con su bicicleta en el campus cuando corría tarde a clases. Sara cayó al suelo con sus libros desparramados, y él, entre disculpas torpes, le ofreció su chaqueta porque la suya había quedado empapada en el césped mojado.
Desde ese día, ninguno de los dos había podido apartarse del otro. Mason se había enamorado de su dulzura y determinación, y ella lo veía como todo lo que siempre había soñado: seguro, divertido y protector.
Después de hacerse novios, Mason había conocido primero a la familia de Sara. Su padre, Kim Min-ho, un hombre de carácter fuerte que había emigrado desde Corea a Chicago y había construido con esfuerzo una cadena de tiendas departamentales. Allí conoció a Brooke, la madre de Sara, y con ella formó su vida. Para Min-ho, su hija era su tesoro, su niña, y no entregaba esa confianza fácilmente. Por eso, al principio no estaba convencido de Mason, pero con el tiempo terminó dándole su bendición, con la condición de que las familias se reunieran oficialmente. Una costumbre coreana que reforzaba la unión y el respeto entre los futuros esposos y sus raíces.
Mason lo entendió y lo aceptó sin dudar.
Ahora, en aquel auto frente a la enorme casa, todo lo que habían construido juntos se sentía aún más real. Sara respiró hondo y Mason bajó primero, rodeando el vehículo con calma. Abrió la puerta del lado de ella y le tendió la mano, como si con ese gesto pudiera despejar todas sus dudas.
—Vamos —le dijo con una sonrisa cómplice—. Quiero que todos te conozcan.
Sara tomó su mano y salió, con el corazón golpeando en el pecho.
La entrada de la casa estaba cargada de un silencio incómodo, roto solo por el sonido de los pasos de Mason y Sara al entrar. Y aunque ella trataba de mantener la calma, sabía que los ojos de toda la familia estaban sobre ella, en especial los de Margaret, que la miraba de arriba abajo con un desdén apenas disimulado.
—Así que esta es la famosa Sara King —dijo Margaret, sin molestarse en extender su mano o al menos ponerse de pie—. La hija de un comerciante coreano que vende baratijas a la gente de clase baja.
El rostro de Sara se tensó y sus labios temblaron por un segundo, pero se obligó a mantener la cabeza erguida. Mason, que no esperaba tal reacción, entrelazó sus dedos con los de ella, dándole fuerza.
—Mamá, basta —intervino Marshall con voz dura—. No tienes derecho a recibirla así.
—¡Claro que tengo derecho! —replicó Margaret, ahora golpeando el apoyabrazos del sillón con la palma de la mano—. ¡Este es mi hijo! ¡Mi familia! ¿Y tú pretendes traer aquí a una muchacha cualquiera, con un apellido extranjero y sin la sangre que corresponde a nuestro linaje?


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
Faltan muchísimos capítulos...
que pasa entre los capitulos 330 y 419?...
Poor translation...