C138-UNA ESCENA QUE TODOS RECORDARÍAN.
La tensión se palpaba en el aire y todos los ojos se volvieron hacia Adler.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Grayson, deteniéndose delante de él.
Kate, que había estado observando con aprensión, no pudo evitar soltar una mezcla de sorpresa y malestar.
—Adler... como... como...
Pero el no invitado seguía imperturbable; dio un paso más cerca de ellos, mirándolos sin vacilar.
—Kate, lamento aparecer sin avisar, pero no podía perderme el cumpleaños de Oliver.
Grayson dio un paso más.
—¿No fue suficiente la última vez, Adler? ¿Necesitas una advertencia más convincente?
—¿Estás intentando arruinar la fiesta de tu hijo, Grayson?
Grayson apretó los dientes; la furia comenzaba a tomar control de él, pero antes de que pudiera responder, su madre intervino.
Hijo, cálmate —dijo Eleonora, mientras sus ojos se posaban en Adler con una mirada que era todo menos amable. No creo haberte visto en la lista de invitados, pero ya que estás aquí, en el cumpleaños de mi nieto, eres bienvenido.
—Hola, Oliver... qué gusto conocerte. Soy Adler Klein, el jefe de tu madre.
Oliver, con la curiosidad propia de un niño de su edad, lo analizó de arriba a abajo. Sus ojos brillaron por un segundo antes de preguntar con una ingenuidad que hizo que el aire se volviera más tenso.
—¿Eres el jefe que siempre ocupa a mi mamá? ¿El mandón?
Adler sintió que la vergüenza lo envolvía. Por un momento, no supo si reír o sentirse incómodo. Optó por lo primero, una risa nerviosa.
—Sí, supongo que sí. —dijo, dándole un regalo envuelto con esmero. —Lo compré para ti.
Oliver miró el paquete de lado, como si no tuviera la más mínima intención de abrirlo; luego se cruzó de brazos, con una expresión desafiante.
—No lo quiero. Mis regalos son mejores. Especialmente los de mi padre.
Grayson no pudo evitar sonreír orgulloso al escuchar a su hijo. Le hizo una señal con la mano, como si le diera un visto bueno, pero Kate, al ver la escena, no pudo evitar pellizcarlo.
—¡Auch! —protestó, pero antes de que pudiera decir algo más, Kate se acercó a su hijo.
—Hijo, por favor, da las gracias.
—Pero mamá, él es el jefe que quiere robarte... No puedo darle las gracias. Además, no quiero otro papá. Ya tengo a mi papá.
Kate se ruborizó por completo, sin poder encontrar las palabras adecuadas para responder. Su mirada se desvió al suelo, mientras sus manos se entrelazaban nerviosamente.
Oliver, sin dejar de mirarlo, siguió con su razonamiento infantil, pero cargado de verdad.
—Siempre es igual. Todos quieren conquistarte, pero el único que puede conquistarte es mi papá.
Grayson volvió a sonreír, lanzando una mirada triunfante hacia Adler.
—Ellos creen que no los vi, pero se besaron hace unos días... Y si se besan, es porque se quieren, ¿verdad, mami?
Kate se quedó sin palabras, su rostro se tornó rojo y sus ojos se abrieron como platos. La risa contenida de Aisling y Masón no ayudaba en absoluto. En un segundo, la situación se volvió casi surrealista.
Adler no pudo evitar soltar una pequeña risa.
—Sí, yo también lo creo...
En ese momento, Kate se sintió como si fuera a explotar de vergüenza. Su rostro se tornó rojo. Por otro lado, Grayson se quedó en silencio, su expresión volviéndose una mezcla entre arrogancia y desconcierto; en realidad no esperaba escuchar esas palabras de Adler.
Oliver, con un gesto muy serio para su corta edad, extendió la mano hacia.
—Bueno, entonces, si ya no te gusta mi mamá, sí puede ser mi amigo...
Adler tomó la mano del niño con una sonrisa genuina.
—Es un gran honor, Oliver.
Oliver, satisfecho con la respuesta, miró a Kate con un brillo en sus ojos.
—Ahora sí me gusta tu jefe, mami.
Ella, incapaz de ocultar su risa nerviosa, abrazó a su hijo con cariño, tratando de apaciguar el momento incómodo. Sin embargo, Oliver no había terminado. Miró nuevamente a Adler, como si estuviera decidido a seguir con su interrogatorio.
—Pero si necesita una novia, puede fijarse en la tía Aisling. No tiene novio y a veces llora.
El comentario de Oliver fue tan inocente como impactante. Todos se giraron hacia Aisling, quien estaba parada cerca del grupo, con los ojos muy abiertos. La sorpresa la tomó por completo. Aisling, después de un momento de incredulidad, le lanzó a Oliver una mirada fulminante.
—¡Pequeño traidor! ¡Te voy a castigar! No más pastel de chocolate…
La risa estalló, contagiosa e incontrolable. Incluso Grayson, que normalmente no se dejaba llevar por la risa fácil, soltó una carcajada. Nadie podía evitarlo. Oliver, con su brutal sinceridad y falta de filtros, había hecho una escena que todos recordarían.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
Faltan muchísimos capítulos...
que pasa entre los capitulos 330 y 419?...
Poor translation...