C137-ESPERO QUE LE GUSTE.
En otra parte de la ciudad, Grayson salió del consulado estadounidense con el documento en la mano. El papel estaba sellado y firmado: su divorcio estaba oficialmente registrado en Chicago. No había tenido que viajar, pero el trámite había sido largo, lleno de llamadas, abogados y papeleo que cruzó el Atlántico más veces de las que él hubiera querido.
Ahora, por fin, todo había terminado.
Se detuvo en la acera, mirando el tráfico gris y constante de la ciudad. El frío londinense le cortaba el rostro, pero no le importaba. Cerró los ojos y dejó que la sensación lo inundara: era libre.
Durante meses había soñado con este instante, y aun así lo sorprendía la intensidad del alivio. No era un golpe de emoción repentina, era algo más profundo, como si se hubiera quitado de encima un peso invisible que llevaba años hundiéndolo.
Un funcionario del consulado, que lo había acompañado hasta la salida, le tendió la mano.
—Enhorabuena, señor Maxwell. Todo está en regla.
—Gracias… —Grayson sonrió—. De verdad, gracias.
Metió el documento en la carpeta y siguió andando hasta su coche. Al cerrar la puerta, se quedó un momento con las manos en el volante y entonces la imagen de Kate apareció nítida en su mente.
Kate, Oliver y el hijo que venía en camino. Sonrió de nuevo, más amplio, más libre.
—Se acabó —murmuró para sí, saboreando cada sílaba—. Soy libre.
Condujo por las calles húmedas de Londres con el documento del divorcio en la guantera. Ese día era doblemente especial, porque Oliver cumplía nueve años. El médico había dado el visto bueno para una pequeña celebración. No podía ser un evento agotador, pero sí lo suficiente para que el niño sintiera que la vida empezaba a volver a la normalidad.
Por eso, la mansión Maxwell estaba radiante.
Eleonora había supervisado cada detalle; globos plateados y azules decoraban el jardín y una gran mesa de madera estaba cubierta con dulces, cupcakes y una tarta de dos pisos con forma de balón de fútbol. Las guirnaldas de luces colgaban entre los árboles, iluminando la tarde gris típica de Londres.
Oliver estaba en el centro de todo, con una sudadera azul y un gorro de cumpleaños ladeado, sonriendo a todos los invitados. Su cabello empezaba a crecer de nuevo, y sus mejillas tenían un leve rubor que hacía tiempo Grayson no veía.
Aisling y Mason estaban junto a él, ayudando a repartir bebidas y asegurándose de que los niños invitados no se comieran todo el chocolate antes de tiempo. Grayson se detuvo un momento antes de salir del coche, observando desde lejos a Kate que reían por algo que había dicho Aisling, pero sus manos descansaban instintivamente sobre su vientre.
La imagen lo conmovió por dentro.
Tenía que decirle lo del divorcio hoy, no era solo una noticia… era una promesa.
—Papá —Oliver lo vio acercarse, y corrió hacia él, abrazándolo con fuerza—. ¡Viniste!
—Claro que vine —Grayson lo levantó, sintiendo el peso cálido de su hijo—. No me perdería tu cumpleaños por nada del mundo.
Kate se giró al escuchar su voz y sus miradas se encontraron, y por un instante, todo el bullicio de la fiesta pareció apagarse. Él caminó hacia ella, todavía con la sonrisa intacta.
—Tenemos que hablar —murmuró, bajo, pero con la suficiente intensidad para que ella supiera que era importante.
La fiesta estaba en su apogeo y Oliver corría de un lado a otro entre risas. Kate estaba acomodando unos platos sobre la mesa cuando sintió una presencia a su lado. No necesitó girarse para saber quién era.
—Déjame ayudarte —dijo Grayson, tomando los vasos que ella tenía en la mano.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
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