C150-¿CUÁNDO QUIERES QUE EXPLOTE LA BOMBA?
Él rompió el beso solo para dejar que sus labios descendieran por su cuello, saboreando cada centímetro de piel como si fuera la primera vez. Sus manos se deslizaron bajo la tela abierta de su blusa, pero no con prisa, sino con la devoción de un hombre que conocía el valor de lo que tocaba.
—Déjame amarte… despacio —murmuró contra su clavícula, mientras sus dedos seguían el camino de sus besos, descubriendo cada curva ahora más suave, cada cambio que el embarazo empezaba a marcar en su cuerpo.
Kate arqueó la espalda cuando su boca encontró el valle entre sus pechos, más sensibles que nunca, y gimió suavemente.
Grayson no tenía prisa.
Sus manos trazaban mapas conocidos, pero esta vez como si quisiera memorizar cada detalle, cada cambio de textura, cada suspiro nuevo. Sus labios ascendían por sus muslos con una devoción lenta, como si el simple acto de saborearla fuera un ritual sagrado, y cuando su aliento rozó ese punto sensible, Kate contuvo el aire.
—Respira— le recordó él, con una voz tan baja que casi era un pensamiento compartido.
Y entonces la probó.
Y Kate arqueó la espalda, pero no para escapar, sino para ofrecerse más, porque las manos de él, firmes en sus caderas, no la sujetaban, sino que la marcaban diciendo: aquí es donde perteneces.
—Grayson…
Él respondió con un sonido profundo, casi un zumbido contra su piel, como si estuviera aprendiéndola de una manera nueva. Las caderas de Kate giraron y sus dedos se enredaron en su pelo, tirando con urgencia, y él cedió.
No por sumisión, sino porque quería darle ese control.
—Así… Déjame sentir cómo me eliges.
Y ella lo hizo.
El orgasmo que la rompió, cada temblor, cada gemido ahogado, era una verdad que solo Grayson podía escuchar: solo él podía hacerla sentir así.
Se deslizó sobre ella, capturando sus labios en un beso, y la envolvió por detrás, su cuerpo pegándose al de ella como un molde. Un brazo bajo su cabeza, el otro recorriendo su piel con una lentitud que la hizo contener la respiración.
—Quiero sentir cómo te estremeces —murmuró contra su cuello, los labios calientes rozando su piel—. Cómo vibras por mí...
Sus dedos empezaron a dibujar círculos justo donde más la hacía arder y pronto lo sintió alineándose detrás de ella.
La penetración fue lenta y deliberada.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
Poor translation...