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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 174

C174- Y TODAVÍA NO TERMINAMOS.

El hotel estaba vestido para la ocasión, con luces cálidas y flores que enmarcaban el pasillo central. La música suave llenaba el aire mientras los invitados esperaban el momento.

Aisling se acercó a Kate antes de la ceremonia, tomó su mano con fuerza y le dio un beso en la frente. Luego, con una mirada entre ternura y amenaza, la llevó hasta Grayson.

—Si la haces llorar, te arranco las bolas y las uso como decoración en mi sala.

Grayson sonrió de lado, inclinó un poco la cabeza y le respondió con calma.

—¿Y si la hago reír?

—Entonces te dejo vivir. Por ahora. —Aisling le guiñó un ojo y se apartó, dejando a Kate frente al hombre que iba a ser su esposo.

La ceremonia empezó y pronto Oliver caminó por el pasillo, serio y concentrado, llevando los anillos con un cuidado que arrancó sonrisas a todos. Cuando llegó el momento, Grayson tomó uno y, mirándola como si el resto del mundo no existiera, lo deslizó en su dedo.

—Mi señora Maxwell.

A Kate le recorrió un cosquilleo de mariposas en el estómago. Tomó el anillo de él y, con una sonrisa que solo él conocía, lo colocó en su mano.

—Ahora eres mi esposo… oficialmente advertido de que ya no hay salida.

El beso selló el momento mientras los aplausos llenaban la sala. Angelo y Mason fueron los primeros en acercarse, abrazando a Grayson y dándole palmadas en la espalda, felicitándolo con bromas y risas. Y así, la fiesta avanzó entre brindis, fotos y música, hasta que Grayson, loco por irse, empezó a exagerar un tambaleo.

Se despidió con gestos teatrales de algunos invitados y tomó la mano de Kate.

—Necesito aire… y a mi esposa.

Sin darle tiempo a responder, la arrastró suavemente fuera del salón, entre risas y miradas cómplices, como si escaparan de una travesura. Poco después, el coche se detuvo frente a un elegante hotel en el centro de Londres. Las luces cálidas iluminaban la fachada y el portero se apresuró a abrir la puerta. Grayson salió primero, rodeó el vehículo y, sin previo aviso, levantó a Kate en brazos.

—Es tradición, señora Maxwell —dijo con una sonrisa ladeada, llevándola como si no pesara nada.

Kate rió, apoyando la frente contra su cuello.

—Tradición… o excusa para seguir fingiendo que estabas borracho.

—Me descubriste —murmuró, empujando la puerta de la suite con el pie y entrando sin dejarla bajar.

—Así, cariño… no dejes ni una gota —ordenó, con voz áspera, casi un ronquido, cuando ella aplicó succión.

Kate se retiró un segundo para respirar, sarcástica:

—¿Y si me atraganto?

Él la miró un segundo y le guiñó un ojo.

—Entonces morirás feliz —respondió, antes de hundir dos dedos dentro de ella mientras lamía su clítoris con precisión brutal.

Ella gimió, empujando las caderas contra su boca, pero no dejó de chuparlo, lenta, deliberadamente, hasta que él gruñó y aumentó el ritmo. La tensión subió, los gemidos se mezclaron, y cuando Grayson finalmente soltó un gruñido profundo y eyaculó en su boca, Kate tragó con una sonrisa pícara.

—¿Sabes, esposo? Tu polla es mucho más bonita que la de Máximo —dijo, pasándose la lengua por los labios.

Grayson sonrió, orgulloso, antes de ir hacia ella y besarla con ferocidad. Luego, sin previo aviso, la levantó en brazos y la llevó hacia el baño.

—Y todavía no terminamos.

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