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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 2

C2- AYÚDAME A ESCAPAR.

Adler sostuvo la mirada de Delacroix unos segundos, con la misma frialdad que llevaba desde que había entrado en ese lugar.

—No es de mi interés —respondió seco—. No me involucro con prostitutas.

Un silencio incómodo recorrió el salón hasta que Delacroix soltó una carcajada grave.

—¡Siempre tan recto, Adler! —se burló—. No sabes lo que te pierdes… demasiada rigidez te va a matar algún día.

Con una sonrisa obscena rodeó la cintura de Gianna y la atrajo hacia él. Y ella apretó las manos detrás de la espalda para que no se notara el temblor cuando el hombre inclinó su rostro y le besó el cuello con descaro.

—Nos divertiremos esta noche, belleza... —susurró con aliento pesado.

Gianna tragó saliva con dificultad. Por dentro gritaba, quería apartarse, pero no lo hizo. Sin embargo, en medio de ese horror, levantó los ojos y volvió a mirar al hombre que la había rechazado. Ese que se llamaba Adler era diferente, lo sintió de inmediato.

Serio, frío, pero distinto de los demás.

Y en ese instante lo entendió: él podía ser su boleto de salida.

Niall se retiró después de confirmar con Delacroix que todo estaba en orden y el ambiente retomó su curso, los empresarios se reacomodaron, las chicas ocuparon lugares junto a cada uno de ellos. Gianna quedó al lado de Delacroix, intentando mantener su respiración controlada, aunque cada gesto de ese hombre le revolvía el estómago.

—Los pagos serán mensuales, con depósitos en cuentas distintas, como acordamos —explicaba Delacroix mientras llenaba otra copa—. Así nadie hará preguntas. El medicamento llegará al mercado antes de lo previsto, y el margen de ganancia será sustancioso.

Gianna intentaba no temblar, pero de vez en cuando desviaba la mirada hacia Adler. Era apuesto, de facciones marcadas, cabello castaño claro perfectamente peinado, y unos ojos fríos y claros que parecían atravesar todo lo que miraban. Se mantenía distante, elegante en su traje oscuro, pero ella lo notaba incómodo, fuera de lugar, como si su mente buscara estar en cualquier otro sitio.

—El riesgo lo asume quien lo distribuye —respondió Adler finalmente, con voz firme pero seca—. Y yo no acostumbro a hacer negocios basados en promesas vacías.

Gianna lo observó fijamente, esperando una reacción. Y entonces ocurrió: por un instante, él la miró. Fue solo un segundo, pero pareció eterno y él frunció el ceño, como si algo en ella le resultara familiar, pero enseguida apartó la vista, restándole importancia.

—Disculpen, voy al baño —anunció levantándose con calma.

El corazón de Gianna se aceleró y sus dedos se apretaron contra sus muslos y una voz interior le gritaba que esa era su oportunidad.

Mientras Delacroix se entretenía llenando su copa y bromeando con los demás, ella se escabulló con pasos rápidos, intentando no llamar la atención. Atravesó el club en medio de luces parpadeantes, música ensordecedora y cuerpos entrelazados en las esquinas. El aire olía a alcohol y sudor, pero ella solo pensaba en seguir caminando.

Finalmente llegó al baño de hombres y se abrazó a sí misma, incómoda, temblando, tenía miedo, pero no podía retroceder.

De repente, la puerta se abrió y el corazón le dio un vuelco: creyó que era Adler. Pero el que salió fue un hombre borracho, tambaleante, con la camisa medio abierta.

—¿Me estás esperando, preciosa? —sonrió torcido al verla.

—No... lo siento... yo... estoy esperando a otra persona —balbuceó Gianna, retrocediendo lejos de él.

El hombre no entendió, o no quiso hacerlo. Se acercó con una mueca obscena, arrinconándola contra la pared.

—Eso dicen todas... —se lamió los labios, recorriéndola con la mirada—. Con ese vestido... claramente eres una puta, ¿quieres sexo, no?

—No... ¡déjeme! ¡No! —gritó intentando apartarlo, forcejeando cuando intentó besarla.

C2- AYÚDAME A ESCAPAR. 1

C2- AYÚDAME A ESCAPAR. 2

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