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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 20

C20- ES HORA DE UNA CONVERSACIÓN.

Las puertas de cristal se abrieron y Kate entró al bufete, su asistente, Eva, ya la esperaba con Tablet en mano, siguiendo su rutina con puntualidad.

—Kate, hoy tienes la audiencia de revisión con el caso Callaghan a las diez, la reunión de la junta a la una y el almuerzo con la jueza Herrera a las tres… —enumeraba mientras caminaban juntas hacia la oficina.

Kate dejó el bolso sobre la silla sin mirar atrás, se detuvo frente al ventanal.

—Cancela todo eso.

Eva parpadeó, confundida.

—¿Todo?

—Todo —repitió —. A partir de este momento nos concentraremos solo en un caso.

Eva bajó lentamente la Tablet.

—¿Se trata del hombre que vino ayer? El que pidió una cita urgente…

Kate asintió con seriedad.

—Sí. Y necesito que estés concentrada. Tu única tarea hoy es averiguar todo lo que puedas sobre Julián Ainsworth.

Eva ya estaba anotando antes de que ella terminara de hablar.

—Lo haré de inmediato —dijo, y salió sin hacer más preguntas.

Apenas se cerró la puerta, Kate se dejó caer en el sofá. Cerró los ojos y se masajeó las sienes, tratando de detener el caos que empezaba a tomar forma en su cabeza.

—Grayson no puede saber de Oliver… —susurró, como un mantra desesperado—. Tengo que ganar. Cueste lo que cueste.

Pero el zumbido del teléfono rompió el silencio y Kate suspiró antes de responder, era Aisling.

—¡¿Dónde diablos te metiste anoche?! —explotó Aisling del otro lado—. Te llamé mil veces, solo para descubrir que tu teléfono seguía en tu bolso.

Kate cerró los ojos, culpable.

—Lo dejé… bebí más de la cuenta y terminé desmayándome. Grayson me llevó a casa.

—¿Quéee? Kate, dime que tú y él…

—¡No! Por Dios, no —soltó de inmediato, aunque la imagen del beso la atravesó como una lanza. Aisling no podía saberlo, o esa llamada no terminaría nunca—. No pasó nada, te lo juro. Solo me llevó y… se quedó en otra habitación.

—Infeliz… ¿qué motivos tiene para hacer eso? Además… ¿entrar al baño de damas? Es un pervertido.

Kate contuvo el aliento, mientras su estómago se apretaba.

—Aisling… estoy en un aprieto. ―La voz le bajó, cargada de una tensión que no pudo disimular. —Grayson sabe lo de Ethan…

El otro lado de la línea quedó en silencio.

—Él… investigó a Ethan —continuó Kate, apretando los puños sobre sus rodillas—. No debí ir, maldit4 sea. Nos vio. Y esta mañana me confrontó y… tengo miedo… miedo de que descubra a Oliver.

Aisling lo sintió. En su pecho. En el nudo de angustia que se le subió a la garganta al escuchar a su amiga tan vulnerable.

—No pienses en eso —dijo con suavidad —. Solo… gana ese caso y libérate de ese infeliz. Él nunca descubrirá a Oliver. Está seguro conmigo.

Las palabras envolvieron a Kate como una manta cálida en medio del frío.

—Y… ¿cómo está mi bebé? —preguntó sonriendo mientras pensaba en su hijo—. Dile que iré esta noche y me quedaré.

—Fue a la escuela. Ya sabes cómo es. Oliver es un niño tranquilo.

Kate sonrió, dejando que ese alivio le rozara el corazón. Oliver siempre había sido así. Desde que nació, nunca fue inquieto, pero su mente… brillaba.

A los cinco años, su pediatra se quedó boquiabierto cuando lo vio escribir su nombre completo con letra clara. Fue entonces cuando supieron que su hijo era especial.

Inteligente. Observador. Un pequeño genio que nunca dejaba de sorprenderla.

Sus manos se aferraron a su espalda y su mejilla descansó sobre su pecho.

Grayson suspiró y levantó un brazo y la acarició sin entusiasmo.

—Era trabajo, Sienna.

Ella entrecerró los ojos calculando.

«Anoche Kate también desapareció. Justo después de él. ¿Coincidencia? No. A mí no me vas a engañar, Kate.»

Sienna se tensó suavemente mientras mantenía su rostro oculto en el pecho de Grayson.

«Esa mujer piensa que por ser abogada y llevar ese aire serio puede colarse en su cama. Cree que puede atraparlo. He visto ese juego antes. Se embarazan. Se arrastran y juegan a las víctimas. Y Kate no es la excepción.

Sin embargo, yo nací para ser la señora Maxwell. No tú.»

Sienna levantó el rostro y su expresión cambió por completo. Sonrió dulce, suave, falsa como una tela fina que oculta moho.

—Mi papá estaría feliz de saber que… siempre cuidas de mí.

Grayson se tensó, pero sonrió un poco. A decir verdad, solo por educación.

—¿Quieres almorzar conmigo? ―preguntó tomándole las manos. ―Hay un restaurante francés que te gustará.

Sienna asintió con una sonrisa inmediata.

—Claro que sí.

Y volvió a abrazarlo. Pero esta vez, sus labios rozaron su cuello con disimulo, mientras pensaba:

«No voy a dejar que nadie me arrebate lo que es mío.

Y mucho menos… tu Kate. Así que es hora de tener una conversación.»

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