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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 712

—Todos tipos de operación conllevan riesgos. Si lo intervienen y no sobrevive, es porque así lo quiso su destino. Pero si no quieres que lo operen y él muere, es otra cosa muy distinta. Él es tu esposo, ¿pero ibas a rendirte tan fácilmente?

Mientras tanto, Celia se acercó lentamente.

—¡Eso no te importa! —exclamó Macarena, señalándolos con el dedo, fuera de sí—. Ah, ya entiendo. Todo esto es culpa suya, ¡lo planearon con los Suárez!

—Basta. —César perdió la paciencia—. Cuando mi tío despierte, dile esas palabras.

Luego, ordenó a sus guardaespaldas:

—Llévenlas a su residencia. No dejen que salgan hasta que mi tío despierte.

—¡César! ¡No tienes ningún derecho a entrometerte en nuestros asuntos familiares!

Él la miró con total indiferencia.

—Si prefieren ir a la comisaría, puedo hacer que la policía intervenga.

—¡Ese accidente automovilístico no tiene nada que ver con nosotras!

—¿Y qué hay de la muerte de Alicia?

Al escuchar sobre Alicia, Rocío se encogió en su sitio, presa del pánico. Macarena apretó los puños con tanta fuerza sintió que podía lastimarse manos, y lo miró fijamente.

—Ella se suicidó.

Él sonrió con desprecio.

—Entonces, ¿quién envió a esos tipos a agredirla en su departamento? Puede que no tenga las pruebas conmigo en este momento, pero ¿acaso Alfredo no las tiene?

Madre e hija quedaron mudas. César, sin volver a mirarlas, hizo un sutil gesto a sus hombres.

Estos le hicieron una seña a Macarena y luego, se llevaron a las dos, totalmente rígidas por el pánico, fuera del hospital.

Celia bajó la mirada. Si no lo hubiera presenciado con sus propios ojos, no habría creído que Macarena pudiera ser tan cruel. Como se suele decirse: de tal palo, tal astilla. La muerte de Alicia jamás habría ocurrido sin la complicidad y el respaldo de Macarena.

—César.

Víctor llegó al pasillo en compañía de su secretario.

—¿Cómo se encuentra tu tío?

—Sufrió una embolia pulmonar. Tienen que operarlo de urgencia.

"¿Ha estado muy ocupado estos días?", pensó ella.

El chofer lo observó a través del espejo retrovisor y comentó en voz baja:

—Estos días no ha podido conciliar bien el sueño. Debe de estar agotado por tanta tensión.

Celia sonrió suavemente.

—Déjalo dormir un poco más.

Su mirada volvió a posarse en la cara de César, ya sin prisa por bajarse del auto. El chofer, al notar la situación, no quiso importunarlos. Abrió su puerta con cuidado y salió al jardín a fumar.

Celia se giró hacia el asiento de César y se aproximó despacio, contemplando sus facciones en la penumbra.

"Si el bebé se parece a él, tanto si fuera niño como niña, sería muy guapo, ¿no?"

César sintió la cercanía de su respiración. Sin poder reprimirse por más tiempo, una ligera sonrisa apareció sus labios.

—¿Cuánto tiempo piensas quedarte mirándome?

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