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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 713

—Hmph, sabía que estabas fingiendo.

—Ah, ¿sí? —César abrió los ojos y la contempló con una expresión de indolencia—. Si te diste cuenta, ¿por qué no me despertaste antes?

—Para ver hasta dónde pensabas llegar —repuso ella e intentó abrir la puerta.

César extendió el brazo por encima de ella, bloqueando el mecanismo de apertura y pegándose a su espalda. Dentro del auto, la calefacción estaba encendida, y la cercanía de su pecho contra su espalda hizo que la temperatura subiera aún más de golpe. Ella, temerosa de que él intentara rodearle la cintura, le sujetó con rapidez la otra mano.

—¿Qué haces?

César apoyó la barbilla sobre el hombro de ella, permitiendo que su aliento le rozara el cabello detrás de la oreja.

—Hoy te noto un tanto extraña —comentó.

Ella se sintió desconcertada por un instante.

—¿Extraña? ¿Por qué?

Él no respondió, limitándose a bajar el tono de su voz.

—¿Me dejas quedarme esta noche en tu casa?

Por una fracción de segundo, ella estuvo a punto de ceder ante la petición, pero reaccionó de inmediato.

—¡No!

Si él se quedaba a dormir, ¡descubriría su embarazo!

—¿Por qué no? —César inclinó un poco la cabeza para observarla.

Ella, esquivando el contacto visual, improvisó la primera excusa que le vino a la mente.

—Porque… no me parece apropiado. Legalmente estamos divorciados, así que no tienes ningún derecho a aprovecharte de mí.

César soltó una carcajada al escuchar el reclamo.

—Si tantas ganas tienes de mantener la distancia, ¿por qué no me apartas en lugar de quedarte así?

—¡Es que me tienes inmovilizada!

En cuanto las palabras salieron de su boca, se arrepintió. César retiró su brazo y se apartó un poco. Ella percibió cómo su pecho temblaba debido a la risa contenida.

—No recuerdo haber ejercido la menor fuerza para retenerte.

¡Qué vergüenza!

Sin perder un segundo, ella abrió la puerta y salió corriendo del auto en dirección a la entrada de la casa.

***

—¡No tienen la menor idea de lo que está en juego! ¡Déjenme en paz!

—Pero, papá…

—¡Lárguense de mi vista ahora mismo!

Al percatarse de que su padre había perdido los estribos, Leonardo optó por guardar silencio y abandonó la habitación en compañía de Lola.

En medio de la quietud del despacho, Zack cerró los ojos, reflejando una profunda preocupación en sus facciones. Fue en ese momento cuando su celular comenzó a sonar. Atendió la llamada. La voz que se escuchó del otro lado de la línea denotaba un evidente matiz de cansancio.

—Parece que tu estrategia terminó en un rotundo fracaso.

Zack tomó aire antes de hablar.

—¿Puede garantizar la seguridad de los míos en el futuro?

—¿Vas a confesar toda la verdad?

—César descubrirá los pormenores tarde o temprano —admitió Zack, desprovisto ya de intenciones de continuar la batalla. Había asumido las peores consecuencias legales de sus actos.

El interlocutor guardó silencio durante un breve instante y dejó escapar un suspiro.

—Tengo programado mi regreso al país dentro de pocos días. Encárgate de gestionar los medios necesarios para que César se reúna conmigo.

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