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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 812

Enzo notó de inmediato la preocupación y la indecisión que se reflejaban en la cara de Celia. Le colocó una mano sobre el hombro, transmitiéndole firmeza y calidez.

—No te preocupes. Sé perfectamente cómo esperar. Al mismo tiempo, sé perfectamente que has dedicado mucho tiempo a investigar pensando en tu mamá y en las personas que sufren la misma condición. Aunque la cirugía aún no se pueda llevar a cabo en este momento, tarde o temprano llegará la oportunidad.

Las palabras de Enzo fueron como un auténtico bálsamo. Celia lo miró y le dijo:

—Papá, ¿y si te propongo que mamá sea la primera paciente en someterse al procedimiento? ¿Estarías dispuesto a aceptarlo?

Enzo dudó por un instante. Ser la primera paciente implicaba que nadie antes había pasado por esa intervención. Los riesgos eran inciertos.

Sin embargo, si su hija se lo planteaba con semejante seriedad, era porque guardaba confianza en el proyecto.

—¿Acaso existe la posibilidad de realizarla pronto? —preguntó él.

Celia bajó la cabeza.

—En cuanto contemos con la patente y un equipo médico bien capacitado, sí. Llevamos a cabo incontables simulaciones dentro del laboratorio con mis compañeros. Si el procedimiento se ejecuta sin un solo error, la gran mayoría de las complicaciones se pueden prevenir. Sin embargo, resulta indispensable contar con el primer caso clínico.

Enzo guardó un silencio reflexivo. Sus dedos comenzaron a golpear rítmicamente el descansabrazo del sillón.

—De acuerdo. Acepto tu propuesta.

Su respuesta sorprendió a Celia.

—Papá…

—Si me aseguras que es factible, confío plenamente en ti.

Nieve llevaba demasiados años desgastándose por la enfermedad. ¿Por qué no hacer un último intento?

Cuando las miradas de ambos cruzaron, sonrieron.

Poco después, Celia se puso en contacto con el doctor Adler para gestionar la aprobación del primer caso clínico. Él no pudo ocultar su asombro. Después de todo, el proyecto apenas acababa de recibir el visto bueno inicial. Aunque los ensayos con modelos animales habían resultado prósperos y contaban con la validación de diversos especialistas, la técnica jamás se había puesto a prueba en seres humanos.

—¿Qué… qué fue lo que dijiste?

La empleada doméstica se apresuró a recoger el recipiente y se retiró discretamente de la sala.

—Lo que acaba de escuchar. Muy pronto va a tener dos nietos correteando por la casa —comentó César, acomodándose en el sillón.

Marta llevaba varios meses enfocada en su proceso de rehabilitación. Aunque todavía no lograba restablecerse en su totalidad, presentaba una franca mejoría. Los médicos le habían prohibido terminantemente realizar esfuerzos o sufrir sobresaltos emocionales, pero ya se valía por sí misma para la mayoría de sus actividades.

—¿Gemelos? —repitió con los ojos iluminados por la ilusión—. ¡Qué maravilla!

—Tampoco vaya a alterarse de más.

—No, para nada, estoy tranquila —respondió ella, tomando aire profundamente para calmar los latidos de su corazón—. Pero, ¿por qué no viajó contigo?

—Tuvo que hacer una visita en Ficus —explicó César, mientras aceptaba la taza de café que le ofrecía la empleada.

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