Entrar Via

Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 1008

Aún no le daba tiempo a Joana de abrir la boca cuando una voz masculina, dominante y segura, irrumpió en la escena.

—Si están enfermos, ¿por qué no buscan a un médico? ¿Para qué vienen con su mamá? Ella no es doctora, ni tiene nada que ver con eso.

Al escucharlo, todos voltearon hacia donde provenía la voz.

Joana, apenas levantó la mirada, reconoció de inmediato el rostro apuesto y sereno de Arturo.

El corazón de Joana, que un momento antes vacilaba, se estabilizó al escuchar a Arturo. Sus palabras tenían sentido, a decir verdad.

Ella no era doctora. Si los niños estaban enfermos, ¿qué podía hacer ella? Además, en la familia Rivas tenían acceso a los mejores médicos; ¿cómo que no serían capaces de cuidar a un par de niños? Nadie creería una cosa así.

Pensando en eso, Joana sintió que su mente se aclaraba un poco más.

Fabián, por su parte, no pudo evitar contestar con molestia:

—¿Y tú quién te crees para hablar así? Además, ¿por qué te apareces en todos lados?

Apenas terminó de decirlo, Fabián se dio cuenta de lo raro que sonaba. Era temprano, ¿por qué Arturo estaba tan oportunamente en el departamento de enfrente de Joana? La vez pasada se lo había pasado por alto, pero esta vez… ¿qué pretendía?

Arturo se acercó caminando con calma, las manos en los bolsillos.

—Solo estoy diciendo la verdad. Si Joana fuera doctora, bueno, entonces me callo. Pero la neta, Joana es diseñadora de modas. ¿Cuándo la han visto cuidando a un niño enfermo?

—Y dime, ¿desde cuándo tengo que avisarte dónde ando?— agregó Arturo, clavando su mirada gris, impávida y dura, en Fabián.

Para cuando terminó de hablar, Arturo ya estaba parado justo frente a Fabián.

Fabián bufó con desprecio.

—¿Y a ti quién te pidió tu opinión? Este asunto es de los niños y su mamá, en otras palabras, es cosa de familia. Si los niños quieren venir con su mamá cuando se sienten mal, ¿cuál es el problema? Eres un metiche, no tienes idea de lo que es el cariño familiar.

Fabián lo decía todo con la intención de dejar mal parado a Arturo frente a Joana.

No le cabía duda: ese tipo tan reservado no se acercaba a Joana por nada bueno.

Lisandro, apoyando a su hermana, le dijo a Joana:

—Mamá, revisa a Dafne. De verdad se siente mal, desde la mañana no ha estado bien. Hasta se le ve la cara más delgada, antes no estaba así.

Ambos apretaban las piernas de Joana con tanta fuerza que ella no podía moverse ni un centímetro.

Joana miró hacia abajo. Los ojos de sus hijos, llenos de lágrimas, la desarmaron. Lo que iba a decir, tan cortante, se le quedó atorado en la boca.

—Está bien, ya los escuché. Se quedan aquí conmigo.

Apenas lo dijo, los dos se pusieron a brincar de la emoción.

Especialmente Dafne, que no soltaba la pierna de Joana y la abrazaba con todas sus fuerzas, frotando su carita contra ella.

—¡Mamá, eres la mejor! ¡Te amo muchísimo! Quiero tomar esa sopa que tú haces, extraño mucho ese sabor…

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo