Violeta no soltó la barbilla de Cristina.
—Así que guárdate esos sueños ridículos que no van a pasar.
Sintiendo el dolor ardiente en su mejilla, el corazón de Cristina se llenó de una amargura indescriptible.
Jamás había soportado semejante humillación mientras trabajaba en el Estudio Renacer con Joana.
Y ahora, en el Estudio Aurora Creativa, a pesar de haber seguido al pie de la letra las órdenes que le dieron, terminaba siendo tratada como basura.
Al pensarlo, la amargura de Cristina se propagó por todo su ser.
Al ver la mirada resentida de Cristina, Violeta arqueó una ceja con ironía:
—¿Qué pasa? ¿Acaso no estás de acuerdo con lo que te digo?
Sin esperar respuesta, Violeta continuó hablando con prepotencia:
—No olvides que ahora perteneces a mi estudio y que tengo los ojos puestos en todos tus movimientos. Lo que yo te pida que hagas, será mejor que lo cumplas como una niña buena.
Se inclinó poco a poco hasta estar muy cerca de su oído:
—Además, acabas de decir lo que dijiste en el tribunal y dejaste claro que estás de mi lado. Aunque ahora quisieras ir a rogarle trabajo a Joana, ¿crees que ella te aceptaría de vuelta?
Al escuchar eso, las manos de Cristina, que colgaban a los costados, se cerraron lentamente en puños.
Tenía razón; Joana jamás volvería a confiar en ella.
Su situación era más que evidente: estaba atada irremediablemente al Estudio Aurora Creativa.
Fuera de allí, no tenía a dónde más ir.
Finalmente, Violeta le dio unas palmaditas en la mejilla a Cristina.
—Bueno, espabila y deja de hacer estupideces, que no tengo ganas de estar limpiando el desastre que dejes.
Dicho eso, Violeta se dio la media vuelta y regresó al vestíbulo.
Ya había puesto a esa empleada en su lugar, así que no tenía motivos para quedarse más tiempo afuera.
En cuanto a Cristina, la chica ya había confesado estar de su lado frente al juez.

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