Fabián notó el detalle y alzó una ceja con aire triunfante.
Como lo sospechaba, este tipo sentía algo por Joana.
Si no, no estaría tan alterado.
Al verlo tan molesto, Fabián sintió una satisfacción extraña en lo más profundo.
¿No se supone que este sujeto siempre andaba con aires de superioridad?
Mira nada más, resulta que también pierde el control cuando se trata de esto.
Fabián esbozó una sonrisa presumida.
Arturo se percató de ello y, tras tensar su mano en un puño, la fue relajando poco a poco.
Entonces, él también esbozó una media sonrisa.
—No te olvides de que ya eres cosa del pasado. La vida sigue, hay que mirar hacia adelante.
—¿Y eso qué? —Fabián alzó la barbilla, desbordando arrogancia—. Al menos entre Joana y yo hubo algo. ¿Y tú?
Arturo replicó:
—Ya lo dijiste, eso fue antes. Vives atrapado en tus recuerdos, como si nunca pudieras salir de ahí.
Sus ojos grises brillaron y su voz sonó cortante, como si las palabras fueran cuchillas.
Cuando Artuto notó la mirada preocupada de Joana, apartó los ojos.
Sabía que esa faceta suya podía asustarla, y no quería que ocurriera, menos aún con los niños ahí presentes.
...
Las palabras de Arturo hicieron que Fabián se pusiera lívido.
Ahora era él quien apretaba los puños.
Estaba a punto de lanzar una respuesta, pero al voltear, vio a los dos niños pegados a Joana.
Tres pares de ojos idénticos lo miraban en silencio.
Por supuesto, habría que ignorar la mirada llena de desprecio de Joana.
Fabián observó esas tres miradas negras y sintió una felicidad enorme en el pecho.
Solo de pensar que los tres compartían la misma sangre que él, se le desbordaba el ánimo.
Eso sí que era algo con lo que Arturo jamás podría competir.
Fabián no podía evitar sentir que él y Joana estaban destinados a no llevarse bien.
Y últimamente, no importaba lo que hiciera, a Joana simplemente no le agradaba.
Si Joana pudiera leer los pensamientos de Fabián, seguro que lo pondría en su lugar.
No era que últimamente le molestara, la verdad era que nunca le había caído bien.
Mucho menos aguantaba ese aire narcisista que Fabián traía últimamente; le daban ganas de hablarle a la pared antes que intentar razonar con él.
Pero Joana levantó la cabeza, mostrando una sonrisa desafiante.
—No es personal, solo es contigo. ¿Para qué quiero cuidar mi imagen delante de ti?
Con eso, quería decir que Fabián le daba tanto asco que ni le importaba guardar las formas.
Pero Fabián, al escucharla, torció todo el significado.
Para él, Joana solo se mostraba así con la gente más cercana.
¿Y eso no era señal de confianza?
Con esa idea, el ánimo de Fabián se levantó de inmediato.

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