Para ser precisos, los dos niños se aferraron a Joana, como si no quisieran separarse de ella.
La escena conmovió incluso a Fabián.
Sin embargo, Joana no ocultó nada.
—Vine hoy para traer a los niños de vuelta. Ya te dije que solo se quedarían conmigo un tiempo, así que no tienes de qué preocuparte.
Fabián arqueó una ceja, sorprendido de que Joana de verdad estuviera dispuesta a separarse de los niños.
Antes, había pensado que Joana se aferraría a ellos para poder exigirle más dinero a la familia Rivas.
Después de todo, ¿no era esa la razón por la que los niños existían?
Pero ahora, parecía que las cosas no eran como él las había imaginado.
—¿Viniste solo para traer a los niños?
Fabián no pudo evitar preguntar.
Miró a Joana con expectación, como si esperara que dijera algo más.
Joana asintió, sin entender.
—Sí, ¿qué más querías que dijera?
Era todo lo que tenía que decir. Tenía trabajo que hacer y no podía quedarse más tiempo.
Sin saber por qué, Fabián se sintió un poco decepcionado.
La luz en sus ojos se apagó poco a poco.
Tatiana, que estaba a su lado, lo vio todo con claridad.
No pudo evitar apretar los puños.
Efectivamente, incluso en ese momento, Fabián seguía pensando en esa zorra de Joana.
¿Qué tenía de bueno Joana para que todos parecieran hechizados por ella?
Aun así, Tatiana mantuvo la sonrisa en su cara.
—Señorita Joana, ¿por qué tanta prisa? Ya que está aquí, ¿por qué no prueba la comida de nuestro chef? Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que la comió, seguro que la extraña.
Al decir esto, Tatiana levantó la barbilla sin darse cuenta, revelando una marca roja en su pálido cuello.



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