Las palabras de Fabián dejaron a Renata en shock. Retrocedió un par de pasos, instintivamente. Sus labios temblaban, incapaz de articular palabra. Había pensado en simplemente echar a Tatiana de la casa, pero nunca se le ocurrió que la situación escalaría hasta el punto de…
Renata miró a Fabián con asombro; sentía que el hombre que tenía delante no era su hijo. ¿Cómo podía haberse vuelto tan desconocido de repente?
—Mamá, ¿qué te pasa? —Fabián se acercó a ella, con una expresión indescifrable.
Renata agitó las manos con nerviosismo.
—No, nada, no es nada.
Viendo su reacción, Fabián no insistió. No importaba lo que pensara Renata, él no iba a cambiar de opinión. Si el niño era de Valentín Rivas, ¿cómo iba a criar él al hijo de otro? Sería el hazmerreír de todos. ¿Cómo podría permitir que le pusieran unos cuernos de ese tamaño?
—Mamá, si no hay nada más, me voy. Le diré al chofer que te lleve a casa —dijo Fabián, suavizando un poco su tono.
Renata asintió repetidas veces, sin atreverse a decir nada más.

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