—¿Acaso Joana Osorio no es el mejor ejemplo de esto?
—Ya basta, ya lo publiqué. Ahora Estudio Renacer ha visto ese comunicado oficial en Twitter, ya recibimos su carta notarial y es imposible cambiar de opinión.
—Tú...
Ernesto estaba tan furioso que señaló la nariz de Violeta Prieto con el dedo.
Violeta alzó una ceja con desdén:
—¿Qué pasa, Ernesto? ¿Acaso quieres pegarme? No olvides que esta empresa cuenta con la inversión de nuestra familia Prieto. Antes de querer tocarme, mejor piensa bien en cuál es tu lugar.
—Entonces dime, ¿cómo vamos a resolver lo del plagio?
Ernesto ya no tenía más trucos bajo la manga.
En primer lugar, habían sido ellos quienes robaron el trabajo de la otra parte. ¿Cómo podían ahora indignarse y aceptar la carta notarial con tanta arrogancia?
Era la primera vez que veía algo así.
Violeta, sin embargo, habló con total seguridad:
—De este asunto no tienes por qué preocuparte, yo tengo mis métodos. Lo que tú tienes que hacer es cumplir bien tu papel de gerente títere. Aparte de lo relacionado con Estudio Renacer, no me interesa saber nada de los demás asuntos del taller.
Al terminar de hablar, Violeta sacó su celular y comenzó a revisar las publicaciones en internet.
Estaba monitoreando la situación en todo momento.
Era evidente que simplemente no quería seguir hablando con Ernesto.
Al ver la actitud de Violeta, Ernesto comprendió todo a la perfección.
¿No era esto el clásico caso de la hija rica que viene al mundo real a jugar a la empresaria?
¡No aguantan ni la más mínima dificultad!
Solo porque tienen dinero, creen que pueden jugar con todo.
Ernesto por fin entendió que, aunque hubiera escalado hasta la posición de gerente, jamás podría contra estos capitalistas.
Al pensar en ello, su pecho subía y bajaba por la rabia.
Violeta levantó la vista con lentitud, y al ver que Ernesto seguía allí, no pudo evitar soltar un comentario mordaz:
—¿Por qué sigues aquí? ¿No tienes nada que hacer?
—Ya me voy. Señorita Violeta, llámeme si necesita algo.
Ella casi no trataba con él, no entendía por qué parecía odiarla tanto.
No lograba comprenderlo.
Al entrar en la oficina de Violeta, mencionó el incidente de pasada.
La comisura de los labios de Violeta se crispó y dijo casi por instinto:
—No pasa nada, él es así, tiene sus días buenos y malos. No te lo tomes a pecho, tú solo haz tu trabajo.
Esas palabras fueron un alivio para Cristina.
Ella colocó los bocetos sobre el escritorio de Violeta:
—Señorita Violeta, tiene razón. Aún tengo mucho que aprender de usted.
—Es bueno que tengas esa actitud.
Violeta bajó la mirada hacia los documentos en la mesa:
—¿Qué es esto?
—Son los bocetos que organicé, los dibujé yo misma y tienen las fechas marcadas. Despreocúpese, con esto será suficiente para lidiar con Joana. Así, nuestra ropa tendrá un origen justificable.

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