Tatiana Salgado solo quería usarlo, no había duda de ello.
Él no necesitaba esa clase de lástima.
La mano de Tatiana se quedó en el aire. Al verla vacía, de repente se sintió un poco ridícula.
No, pensándolo bien, el que resultaba más patético era Fabián Rivas.
Retiró la mano lentamente y fue directa al grano: —Dime, Fabián, no serás tan ingenuo como para creer que Joana volverá corriendo a tus brazos, ¿verdad?
—¿Qué quieres decir? —Fabián se sujetó el brazo herido y giró la cabeza para mirarla—. Te aconsejo que midas tus palabras. Aunque ahora mismo no pueda mover el brazo, no soy alguien con quien debas meterte.
Pero Tatiana se acercó a él, le sostuvo el rostro entre las manos y le dijo: —Fabián, ¿cuándo vas a abrir los ojos y me vas a ver? ¡Soy yo la que más te ama! Mírate, esa perra de Joana te acaba de tratar como a basura, ¿qué más estás fantaseando?
—¡Cállate! —gruñó Fabián entre dientes.
Que Tatiana lo viera en un estado tan lamentable solo le daba ganas de que la tierra se lo tragara.
—¡No me da la gana! —Tatiana parecía estar al borde de la locura.
Continuó sin darle tregua: —Voy a ser muy clara contigo: por supuesto que Joana te amaba antes, pero ¿por qué te abandonó ahora? ¡Obviamente porque le interesa más el dinero de Arturo Zambrano!
Los ojos de Fabián brillaron por un instante al escuchar la frase «Joana te amaba».
Lo sabía, sabía que Joana lo amaba a él.
Pero al escuchar el resto, apretó las mandíbulas en silencio.
Así que Joana resultaba ser una mujer superficial y materialista.
Tatiana siguió echando leña al fuego: —Así es, Joana te ama, pero ama más el dinero.
—Fabián, mírame —se paró frente a él y volvió a tomarle el rostro—. ¡Mírame bien, mírame a los ojos, yo soy la que realmente te ama con locura!
Obligado a mirarla a los ojos, Fabián se dio cuenta por primera vez de lo hermosos que eran los ojos de Tatiana.
Los ojos oscuros de la mujer lo cautivaron; estaban tan cerca que incluso podía ver su propio reflejo en ellos.
¡Incluso si no podían destruir a Joana de un solo golpe, tenían que hacerla sangrar!
Violeta entendió el mensaje, asintió y vio cómo Tatiana se alejaba.
En el fondo, no pudo evitar suspirar.
Parecía que la red de relaciones entre Tatiana y su grupo era un enredo imposible de desatar.
Para ella, lo mejor era concentrarse en hacer su parte.
Esa desquiciada de Tatiana definitivamente no era alguien a quien pudiera controlar.
De no ser por esas grabaciones, Violeta no estaría tan segura de salir ilesa.
Pensando en eso, respiró hondo de forma disimulada para aliviar los nervios.
Toda esta escena de miradas cómplices no pasó desapercibida para Cristina.

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