Arturo sostuvo con firmeza la cintura de la mujer, tan delicada que cabía entre sus manos.
Dejó que ella hiciera lo que quisiera sobre sus labios, con una intención que escondía mucho más de lo que mostraba.
Sabía que era el momento de detener aquello.
Pero…
La garganta de Arturo se movió, tragando saliva.
En sus ojos grises brillaba la imagen de la chica, con sus mejillas rosadas como pétalos de durazno.
En el siguiente instante, Joana se apartó de golpe, asustada, cubriéndose la boca.
—¡Sr. Zambrano, no fue mi intención! ¡De verdad no fue mi intención! ¡Tienes que creerme!
Arturo se pasó el dedo por los labios y una sonrisa burlona asomó en su mirada gris.
—Claro, te creo.
Joana se quedó inquieta, sin saber dónde meterse.
Cuando por fin recuperó la calma, miró con atención la tarjeta de la habitación que sostenía en la mano.
...
Poco después, Tatiana observó con sus propios ojos cómo Joana entraba a la habitación que Lorenzo había preparado.
El hombre con el que Joana acababa de besarse no la siguió, pero la persona a la que Tatiana había contactado ya esperaba adentro por ella.
En el fondo de la mirada de Tatiana brilló una chispa de astucia.
Ojalá, Joana, que esta noche sea inolvidable para ti…
Tatiana disfrutó viendo en su celular el video de la pareja besándose apasionadamente.
Apretó los dientes en silencio.
—¡Qué hipócrita!— pensó para sí.
Se hacía la digna, pero bien que andaba con otro por fuera.
Pero ahora, con ese video, podría hundir a Joana sin dejar lugar a dudas.
Tatiana contactó enseguida a varios medios de comunicación con los que solía trabajar. Siguiendo sus indicaciones, no pasó mucho antes de que en internet empezaran a circular anuncios misteriosos.
Al terminar de mover los hilos, dejó plantado a Lorenzo y fue directo a buscar a Fabián, que andaba como loco por todos lados buscando a Joana.
—Fabián, Joana ya cenó, seguro ya está dormida. Si te quedas más tranquilo, ¿quieres que vayamos a verla? Está en la suite de Lorenzo.
—¿Por qué está ahí?— Fabián frunció el entrecejo, lleno de sospechas.
¿Cuándo se volvieron tan cercanos Lorenzo y Joana?
Si era necesario una habitación, bien podían conseguir otra, ¿o no?
Fabián asintió, sintiendo una extraña gratitud.
Era raro que Tatiana se olvidara de los rencores y se preocupara así por Joana.
Si Joana tuviera aunque fuera la mitad de ese corazón, tal vez las cosas serían diferentes.
Tatiana le entregó la otra tarjeta de la habitación, la que Lorenzo le había dejado.
Fabián se preparó mentalmente, deslizó la tarjeta y abrió la puerta.
Se oyó un “bip” y el sonido de la puerta al abrirse.
De inmediato, voces amortiguadas salieron de la habitación.
Fabián se quedó de piedra.
Eran claramente sonidos de un hombre y una mujer en plena intimidad.
Tatiana esbozó una leve sonrisa, que enseguida borró de su rostro.
—Fabián, ¿escuchaste eso? Me parece oír la voz de un hombre...— preguntó, fingiendo asombro.
El rostro de Fabián se ensombreció, la rabia y el dolor lo hicieron ver inaccesible.
¿Cómo se atrevía?
Quedó tan perdido en su furia que ni siquiera escuchó la pregunta de Tatiana.

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