Entrar Via

Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 345

Si alguien lo descubría, todo lo que había hecho hasta ahora no serviría de nada.

En ese instante, los ojos de Lisandro se llenaron de lágrimas. Se aferró al borde de la ropa de Joana y suplicó entre sollozos:

—No, mamá, por favor, no quiero ir al hospital. Me dan miedo los doctores, yo no estoy enfermo, solo estoy un poco cansado. No le hagas caso a él, ¿sí?

Joana le echó una mirada por encima del hombro.

—Gracias, señor Zambrano. Si llego a necesitar algo, lo contactaré.

Dicho esto, le pasó el tornillo a Arturo.

Arturo asintió en silencio.

Joana entonces tomó de la mano a Lisandro, que seguía llorando y pataleando, y lo llevó a la habitación de invitados.

—Deja de llorar. Si sigues así, esta noche mismo te regreso a donde estabas.

Lisandro se calló de inmediato, asustado, tragándose el llanto de golpe.

Sin embargo, aún con el corazón apachurrado, no pudo evitar preguntar con voz temblorosa:

—Mamá, ¿por qué no confías en mí? Te juro que no estoy enfermo.

Joana no respondió. Solo lo miró fijamente a los ojos, sin mostrar ninguna emoción, como si intentara ver a través de él.

Lisandro, incómodo por la intensidad de su mirada, terminó bajando la vista. Se sentía culpable, como si ella pudiera leerle la mente.

Tímidamente, volvió a jalar a Joana de la manga.

—Mamá, dime algo… No te quedes así callada, me asustas.

Joana suspiró apenas, pero su tono fue firme y seco:

—¿De verdad volviste solo porque me extrañabas y porque los profesores y los empleados te trataban mal?

—¡Sí! Mamá, de verdad te extrañé mucho, y sí me pegaron, dolía un montón —contestó Lisandro con voz llena de convicción, aunque por dentro se moría de nervios.

Ese hombre había descubierto su mentira en un segundo. Pero su mamá… su mamá no podía ser tan dura como él, ¿verdad?

Además, el abuelo le había dicho que solo él podía lograr que papá y mamá volvieran a estar juntos. Si mientras papá seguía en coma, dejaba que otro hombre se acercara a mamá, eso sería una mancha para él y para toda la familia Rivas.

Pero ahora, ella ni se movió. Ni una caricia, ni una palabra amable. De hecho, hasta parecía fastidiada.

Lisandro hizo todo lo posible por no llorar en voz alta. Al final, solo atinó a evitar el tema y buscar una salida.

—Mamá, tengo sueño.

...

Esa misma noche, Lisandro se enfermó con fiebre alta.

Cuando Joana se levantó a medianoche, notó que el niño tenía la cara colorada.

Instintivamente, le tocó el cabello. Lo tenía seco.

No se había metido a bañar a escondidas.

Joana le dio una pastilla para bajar la fiebre. Cuando estaba por irse, sintió una pequeña mano ardiente que la sujetó.

—Mamá, no te vayas...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo