Entrar Via

Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 348

La voz de Joana sonó cortante:

—¿Necesitas que te ayude a recordar quién fue el que me acusó de haber empujado a tu bisabuelo a la piscina en su fiesta de cumpleaños, diciendo una y otra vez que...?

—¡Mamá, por favor, ya no sigas! —Lisandro la interrumpió, sufriendo.

En su mente, los recuerdos de aquella trampa se mezclaban y lo atormentaban.

Esa acusación había sido el error que más lamentaba en su vida. Nada se le comparaba. Ahora que lo pensaba, si nunca hubiera sucedido, si no hubiera confiado tan ciegamente en la señorita Tatiana, ¿su mamá habría seguido queriéndolo como antes? ¿Habría evitado ese abismo entre ellos?

Y para colmo, él había tenido el descaro de decirle que la odiaba.

Las lágrimas le corrieron por las mejillas.

—Mamá, si eso no hubiera pasado, ¿me seguirías queriendo como antes?

Joana lo miró con una expresión imposible de descifrar.

Pero en ese silencio, Lisandro encontró una respuesta.

No podía aceptar esa verdad.

Era mucho más doloroso que si su mamá simplemente le hubiera dicho que lo despreciaba.

—Mamá, ¿es por la chica de ayer que ya no me aguantas? ¡Te juro que puedo cambiar! Solo que en ese momento me equivoqué y confié en la persona equivocada... —se adelantó, aferrándose a la mano de Joana, con una súplica desesperada en los ojos. Era su última esperanza.

Joana le lanzó una mirada indiferente.

Había tenido muchas oportunidades, pero solo cuando todo estaba perdido empezó a buscar una salida… ¿De qué servía?

Lisandro insistió:

—Mamá, dime algo, ¿sí?

—Entonces dime, entre la señorita Tatiana y yo, ¿a quién eliges?

—Mamá, a ti. —Lisandro respondió sin dudarlo.

Joana fue más allá:

—¿Y si ella te llama ahora mismo, le contestarías?

Ante esa pregunta, Lisandro vaciló.

—Mamá, ese número lleva rato llamando, tal vez es algo urgente. Mejor contestamos, ¿no?

—Está bien.

Joana contestó y puso el altavoz, entregándole el celular a Lisandro para que hablara.

Del otro lado de la línea, la voz de Tatiana se escuchó, retorcida y maliciosa:

—Joana, por fin te dignas a contestar.

Lisandro se quedó en silencio, tenso.

Pero supo de inmediato que sí era Tatiana.

—Vaya, ahora estoy en Estados Unidos, justo en la casa privada de Fabián. ¡Este lugar es enorme! ¿No te arrepientes de vivir en ese departamentito tan miserable?

—En fin, ya que estás por divorciarte de Fabián, en cuanto él despierte, la única señora de esta casa seré yo, Tatiana. Vamos a tener nuestros propios hijos y formar una familia feliz.

—Eres tan ingenua… Bastó una pequeña provocación para que de verdad te divorciaras de Fabián. Pero te advierto, a la hora de repartir la herencia, más te vale que no pidas nada. Si quieres quedarte con esos dos mocosos, hasta te puedo ayudar.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo