Entrar Via

Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 354

Tatiana empujó la puerta y entró apresurada.

El semblante de Simón se endureció.

—¿Quién te dio permiso para entrar?

—Simón, ¿por qué gritas? —Renata lo apartó con suavidad—. Tatiana, ven, platica con la señora, cuéntale bien.

El despertar repentino de Fabián había dejado a Renata entre asustada y emocionada.

Siete años atrás, su hijo adoraba a esa muchacha más que a nada en el mundo.

Si ahora ella accedía a colaborar en el tratamiento de Fabián, seguro su recuperación iría mucho más rápido.

—Señor, señora, el doctor dijo que es mejor que alguien cercano acompañe a Fabián, así podría ir recuperando recuerdos. Pero, con la actitud de Joana, eso está imposible.

—¡Esa muchacha, encima que se niega todavía! —Renata bufó, sin lograr ocultar su disgusto.

En el fondo, la duda la carcomía.

Antes, si se trataba de Fabián, Joana habría corrido sin pensarlo a cuidarlo.

Ahora, después de tanto tiempo en coma, Joana solo lo visitó una vez.

Ni siquiera le importó el prestigio de su suegro. Y ahora que Fabián despertó, seguro menos querría verse involucrada.

Tatiana habló en voz baja, casi susurrando:

—Señora, no se altere, yo estoy dispuesta a ocupar el lugar de Joana y permanecer al lado de Fabián, pero necesito hacerlo como su esposa.

—Tatiana, no te pases de lista —soltó Simón, que había permanecido callado hasta ese momento.

—Señor, entiendo su inquietud, pero creo que me malinterpreta. Sí, quiero mucho a Fabián, pero jamás aprovecharía la situación para sacar ventaja —Tatiana bajó la mirada, con un aire de tristeza.

Simón la estudió con una mirada difícil de descifrar.

—Sigue.

Tatiana asintió:

—Fabián es muy inteligente. Si se entera de que han pasado siete años, va a sospechar por qué no nos casamos, y hasta podría buscar a Joana. Eso, en este momento, podría hacerle mucho daño.

Tenía razón, y nadie podía negarlo.

Aun así, Simón sabía que su intención no era tan inocente como parecía.

Se volvió hacia el médico.

Joana recibió una llamada urgente de la oficina el domingo; tenía que salir lo antes posible.

No podía dejar a Lisandro solo en casa, ni de chiste.

Si ese muchacho volvía a incendiar la cocina, perderían el departamento.

Joana puso en manos de Carolina una misión sagrada, y lo repitió delante de Lisandro para que quedara claro.

Lisandro se sintió ofendido.

¡Esa pequeñaja ni le llegaba al hombro! ¿Por qué tenía que mandarlo?

Pero con Joana ahí, no se atrevió a protestar.

—Mamá... no volveré a hacer esas cosas, te lo prometo.

Joana le lanzó una mirada escéptica, sin decir nada más.

—Señora bonita, ni se preocupe. Mientras yo esté aquí, nada malo va a pasar en esta casa —Carolina se dio palmadas en el pecho, decidida.

Las dos paletas que Arturo le había hecho perder por una broma ya le estaban creciendo de nuevo, y su cara redonda y cachetona seguía tan tierna como siempre, tanto que Joana no pudo evitar pellizcarle las mejillas.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo