Ella sonrió y dijo:
—Claro, ya sabía que nuestra Carolina es la mejor. Cuando regrese, te traeré algo rico de comer.
—¡Sí! —celebró Carolina con los ojos brillando de emoción.
Apenas Joana salió, la habitación quedó en silencio. Los dos niños se miraron, midiendo al otro con desconfianza.
Lisandro, que antes parecía un niño bien portado, de pronto mostró una expresión llena de hostilidad mientras encaraba a Carolina.
—¿Acaso no tienes mamá? ¿Por qué tienes que estar pegada a la mía todo el tiempo? ¡Eres muy molesta, ¿lo sabías?!
—Sí tengo mamá, y eso no me impide que me guste la señora guapa. Además, a la señora guapa también le caigo bien. —Carolina se cubrió la boca y soltó una risita traviesa—. Chico mendigo, ¿no será que a ti ninguna mamá te quiere?
Ese comentario era como echarle limón a la herida.
El rostro de Lisandro se puso rojo de la rabia.
—¡Qué descarada eres! ¡Le quieres quitar la mamá a otro!
Carolina no se dejó intimidar. Moviendo la cabeza con picardía, replicó:
—Ay, ay, ay… Eso no se compara con que tú andes tomando por mamá a cualquiera. Y encima, ves a los demás como si fueras muy superior.
Aunque era pequeña, a Carolina le sobraba memoria. Recordaba perfectamente cómo la primera vez que vio a la señora guapa en el hospital, se topó con ese niño y su hermana, y juntos se la pasaban molestando a la señora solo porque tenía la cara afilada.
Lisandro, sintiéndose herido, negó con fuerza:
—¡Eso no es cierto! Solo pensé que la señorita Tatiana era una buena persona, así como tú piensas de mi mamá. ¡Pero ya me di cuenta de mi error y no volveré a hacer lo mismo!
—Ajá… —Carolina se dejó caer en el sofá, tratando de imitar la pose de Arturo, pero sus piernas eran tan cortitas que no le alcanzaban para cruzarlas como adulto, así que intentó varias veces sin lograrlo.
Su respuesta sonó tan ligera que quedó claro que no le creía ni tantito.
Eso solo hizo que Lisandro se enfureciera más.
—¡Oye! ¿Sí me estás escuchando o qué? ¡Te lo advierto! ¡No vengas a estar molestando a mi mamá cada vez que se te antoje! ¡Ella tiene muchas cosas que hacer!
—Pero la señora me invita a venir a jugar. Hasta me preparó un cuarto temático de sirenitas nada más para mí —dijo Carolina, con ese tonito que te saca canas verdes.
—¡Ah! ¡Cállate ya!
La discusión entre los dos niños era tan intensa que parecía que el mundo se les iba encima.
...
Joana, desde la oficina, vigilaba la escena por las cámaras recién instaladas en la casa. Al principio le preocupaba que Lisandro perdiera la paciencia, pero al menos no llegó a pegarle a Carolina.
Solo entonces pudo tranquilizarse.
En el carro, el trayecto hacia la oficina fue rápido. Durante todo el camino, Isidora no dejaba de llorar por teléfono.
El proyecto que habían preparado ayer estaba listo para firmarse hoy, pero el cliente encontró un error gravísimo en los números. La negociación se vino abajo y la empresa perdió cinco millones de pesos.
Isidora ya estaba afuera del edificio cuando Joana llegó. Tenía los ojos hinchados, evidenciando que había llorado mucho.
—Isidora, ¿qué haces aquí afuera?
—Joana, creo que me van a correr del trabajo…

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