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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 357

—¿Y tú qué pruebas puedes presentar? —espetó Ramiro, dejando claro su disgusto.

Isidora y Lorena compartían un solo correo, y el archivo original que Joana había reenviado ya mostraba rastros de modificación, así que no podía probar nada como lo hacía ella.

Joana se giró hacia Lorena y preguntó, sin rodeos:

—¿A qué hora exactamente Isidora te mandó el archivo por última vez?

—Como a las cinco y media —respondió Lorena, sin inmutarse.

Ya hacía tiempo que le molestaba el servilismo de Isidora, y esta era la oportunidad perfecta para apartarla de Joana. Si Isidora se iba, ella tendría mucho más espacio para brillar.

—Usa tu computadora y abre el archivo —ordenó Joana, clavando la mirada en la laptop sobre el escritorio de Lorena.

Lorena vaciló unos segundos, mirando de reojo a Ramiro.

Él, tratando de calmarla, se dirigió a Joana:

—Joana, esto ya se resolvió. No tiene nada que ver contigo. Fueron ellas quienes cometieron el error, no te metas más en esto...

—Señor Ramiro —replicó Joana, alzando la voz—. Si lo que quiere es hablar de hechos, que sean con pruebas. No saque conclusiones antes de tiempo. Primero veamos qué pasó en realidad.

Ramiro puso cara de pocos amigos. Si insistía en detenerla, sólo dejaría claro que estaba encubriendo a alguien.

Total, lo que había que borrar ya estaba borrado. No iban a encontrar nada sospechoso.

Lorena encendió la computadora sin decir palabra.

Joana localizó el último archivo enviado y revisó el historial de ediciones. Cuando vio los horarios, una expresión de "lo sabía" cruzó su cara.

—Las modificaciones más importantes del archivo se hicieron entre las tres de la tarde y las siete de la noche. Y sobre el dato de la tela, la última edición fue a las seis y algo. Tú acabas de decir que Isidora te pasó el archivo a las cinco y media, ¿no?

La sonrisa de Joana se volvió gélida.

El pago para practicantes ya era bajo; a la mitad, no representaba nada. Aunque los diseñadores ganaban comisión, casi ninguna marca dejaba el diseño completo a un practicante. Era la manera más sutil de invitarla a irse.

Isidora bajó la cabeza, sus ojos reflejaban tristeza. Todavía no terminaba la universidad cuando entró a Estudio Bravura. Fue la calidez del ambiente lo que la convenció de quedarse, pero ahora todo le parecía ajeno.

No era por el dinero, sino porque ya no soportaba el ambiente de intrigas y zancadillas.

—Joana, gracias por defenderme, pero no te preocupes. Si de plano no se puede, yo...

—Ni lo digas —la interrumpió Joana, sacando su celular—. Lorena, te pregunto de nuevo: este documento, los datos que modificaste, ¿fue a las seis con diez, verdad?

Lorena, con una mueca extraña, asintió:

—Sí.

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