Ahora, Lisandro estaba especialmente susceptible con todo lo relacionado a Tatiana.
Dafne se quedó pasmada después de escuchar lo que le dijeron.
Pero en cuanto asimiló las palabras, arremetió de nuevo contra Lisandro:
—¡Dinero, dinero, dinero! ¡Solo piensas en eso! ¡Sabía que después de convivir tanto con mamá te ibas a volver igual de materialista! ¡Si tanto te gusta mamá, pues quédate con ella y sé su hijo para siempre! ¡A mí me encanta la señorita Tatiana, así que yo voy a ser su hija! Ya estuvo, hermano, no tenemos nada más de qué hablar. Si no es algo realmente importante, mejor ni me busques.
Apenas terminó de decirlo, Dafne colgó el teléfono de golpe.
Cuando Lisandro intentó llamarla de nuevo, lo único que escuchó fue el tono de línea ocupada.
Seguía sintiendo que algo no cuadraba y decidió buscar a Simón.
—Lisandro, lo de la amnesia temporal de tu papá... por ahora no le cuentes nada a tu mamá. Quédate con ella, acompáñala y cuando sea el momento adecuado, yo los voy a traer de vuelta —le dijo Simón con voz seria, casi paternal.
Lisandro no podía quitarse la sensación incómoda de encima.
Pero no tenía a nadie más con quien hablar del asunto.
Si hasta Simón le decía eso, no le quedaba de otra que guardar su preocupación para sí mismo.
...
Por otro lado, aunque Dafne había bloqueado a Lisandro, sus palabras seguían retumbando en su cabeza.
A pesar de ser pequeña, ya sabía muy bien lo crucial que era el asunto de la herencia.
Si la señorita Tatiana llegaba a tener su propio hijo, ¿seguiría tratándola igual que ahora?
...
Esa noche, Dafne no soltó a Tatiana ni un momento. No quería dejarla ir.
—Señorita Tatiana, ¿me puedes leer otro cuento? —pidió con voz bajita.
Tatiana cerró el libro y le acarició la cabeza.
—¿Qué pasa, Dafne? ¿No puedes dormir?
Dafne la miró, con el ceño apretado por la preocupación. Primero asintió y luego negó, notoriamente conflictuada.
—Mira nomás, qué ambiciosos y malagradecidos —pensó, sin mostrarlo en su rostro—. ¿Creen que una se desvive cuidándolos y haciendo de todo como si una fuera la niñera gratis de Joana, solo por buena gente? ¿Sin pedir nada a cambio?
Aun así, las palabras de Dafne le sirvieron de advertencia.
Tenía que acelerar las cosas y asegurarse de tener un hijo con Fabián antes de que él recuperara la memoria.
Tatiana dejó de lado sus pensamientos y, con una ternura genuina, le dio unas palmaditas en la espalda a Dafne.
—¿Cómo crees, mi niña? Yo estoy aquí contigo porque te quiero de verdad. Si no fuera así, ¿tú crees que con tantos millonarios en el mundo, yo iba a elegir estar con ustedes? Dafne, puede que no seas mi hija de sangre, pero te veo y te cuido como si lo fueras.
Después de escuchar esas palabras, las dudas de Dafne se disiparon por completo.
Tenía razón: la señorita Tatiana era tan bonita y en el mundo sobraban millonarios; si seguía con ellos era por amor, no por interés.
Lo que había dicho su hermano, no tenía sentido.
Dafne, con una sonrisa de alivio, abrazó fuerte a Tatiana para impedir que se fuera.
—Yo sabía que tú eres la mejor, señorita Tatiana.

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