Carolina, por el contrario, se burló de Lisandro sin piedad.
—¡Tú no tienes idea! ¡No sabes lo triste que es ser un niño sin mamá!
Carolina se quedó pensativa al ver la sinceridad en las palabras de Lisandro.
—¿De verdad cambiaste de corazón?
—¡Por supuesto!
—¿Y ya se te quitó la ilusión por la señorita Tatiana?
—¡Ella es la tercera en discordia! ¡Mis papás están casados! Aunque haya salido con mi papá antes, eso ya fue, es su exnovia, y no sabe respetar los límites.
—Si la señorita Tatiana y tu mamá se cayeran al agua al mismo tiempo, ¿a quién salvarías?
—¡Solo a mi mamá!
Carolina asintió satisfecha.
Este niño sí que aprende, no está tan perdido después de todo.
No fue en vano todo el esfuerzo que le dedicó estos días.
¡Definitivamente, era una gran maestra!
Carolina sonrió tan radiante que parecía que el sol se le escapaba por la boca.
Lisandro, aún más dolido, protestó:
—¡Mi mamá ya no me quiere y tú aquí, muerta de risa! ¿No tienes corazón o qué?
—¡Te lo ganaste! ¿A poco esperabas que después de cómo la trataron, tu mamá siguiera aguantando? Cualquier persona en su lugar también estaría lastimada —le reviró Carolina, levantando aún más la voz.
Lisandro se encogió, perdiendo la firmeza de hace un momento.
—Ya sé que la regué… Entonces dime, ¿qué se supone que debo hacer ahora?
Carolina lo llamó con la mano, señalando que se acercara.
—Que la señora te lleve de regreso a Estados Unidos tampoco es tan malo. ¿No dijiste que tu papá perdió la memoria? Ve a ver qué tanto lo ha manipulado esa tal Tatiana. Si ya no hay remedio, entonces te escapas de nuevo. Si vuelves a andar de vago, la señora seguro no se desentiende de ti.
Solo de recordar cómo la última vez, por querer ver a Joana, pasó hambre todo el día, a Lisandro se le hizo un nudo en la garganta.
—¿No hay manera de no pasar hambre esta vez?
—Claro que la hay —Carolina le dio una mirada de arriba abajo—. Si tu mamá no te quiere, a ver si así ya no te quedas sin comer.
Lisandro, sintiéndose todavía más triste, soltó el llanto una vez más.
Carolina puso cara de fastidio.
Jamás había visto a un niño tan llorón.
...
El día del vuelo a Estados Unidos, Lisandro se despertó antes que nadie y empacó sus cosas sin que nadie se lo pidiera.
En ese momento, el miedo de perderlo para siempre lo había invadido por completo.
Por eso, se había propuesto hacer todo lo posible por salvar a su familia.
Lisandro corrió unos pasos hacia Fabián y gritó:
—¡Papá!
En un país extranjero, su voz resonó distinta, atrayendo la atención de varios que estaban cerca.
Fabián se detuvo un instante.
A lo lejos, vio a un niño con cara de Estado Magnolio agitándole la mano.
Fabián arrugó el entrecejo y se apresuró a marcharse.
Lisandro se quedó petrificado, sin poder creer lo que veía.
Estaba seguro de que su papá lo había reconocido.
¿Pero entonces… su papá ya lo había olvidado también?
Se quedó parado ahí, como si el tiempo se hubiera detenido.
Hasta que Joana regresó, Lisandro seguía con la misma expresión de incredulidad.
—¿Qué pasó? —preguntó Joana, preocupada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo