Tatiana, con una mirada llena de sospechas, fingió asustar a los dos niños.
Por dentro, en realidad, deseaba que esos dos ingenuos perdieran todo su dinero en la estafa.
En cuanto tuviera un hijo con Fabián, esos niños solo serían piezas en el tablero de la familia Rivas.
Pero mientras Fabián estuviera presente, tenía que hacerse la buena y aparentar preocupación.
Cuando escuchó que Tatiana acusaba a Joana de ser una estafadora, Dafne se puso nerviosa.
Aunque en la transmisión Joana no mostraba la cara, tanto ella como su hermano reconocían perfectamente esa voz: era la de su mamá.
Lisandro, en cambio, se mantuvo sereno. Sacó el celular y le mostró a Fabián la transmisión que Joana había compartido el día anterior en sus publicaciones.
—Papá, este es el enlace que mamá compartió ayer. No puede ser falso. Además, ayer nos mandó dos suéteres de lana a mi hermana y a mí.
Lisandro expuso todo con claridad, explicando la razón por la que estaban viendo la transmisión.
Tatiana, al ver esto, también sacó su celular para revisar las publicaciones de Joana.
Pero solo encontró una línea vacía.
¡Maldita sea! ¡La habían bloqueado!
—Nunca me imaginé que Joana ya anduviera tan metida en esto, incluso en transmisiones en vivo —Tatiana dejó escapar el veneno en su voz.
Pero los tres hombres la ignoraron por completo.
La transmisión ya había comenzado.
Tatiana echó un vistazo de reojo. ¡Ni siquiera se veía la cara de Joana!
¿Y aun así estaban tan clavados viéndola?
Mordió los labios y farfulló:
—¿Será que a Joana ya no le alcanza el dinero? Hasta los niños quieren mandarle regalos. Hacer transmisiones así, tan expuesta, no le queda... En internet hay mucha mala vibra y chismes por todos lados.
—Señorita Tatiana, usted también fue actriz. Salía a grabar novelas y andaba en eventos todo el tiempo, y aquí sigue, vivita y coleando.
Lisandro soltó la frase como si tuviera veneno.
Esas palabras le calaron hondo a Tatiana.
Últimamente andaba desesperada por relanzar su carrera.
Se le llenaron los ojos de lágrimas, y su voz salió cargada de dolor:
—Lisandro, no entiendo por qué me tienes tanta tirria. Yo siempre te he tratado como si fueras mi propio hijo, pero tus palabras duelen mucho.
Dafne, al verla llorar, vaciló un poco, como si sintiera pena.
—Dafne, ¿tú también piensas igual? —le preguntó Tatiana con los ojos húmedos y voz suave.
Dafne negó con la cabeza y le pasó una servilleta.
—Señora, no llore.
Tatiana esbozó una sonrisa, satisfecha.
Sabía que los niños pequeños eran más fáciles de manipular.
Pero justo cuando tomó la servilleta, Dafne, con voz infantil, agregó:
—Se le corrió el maquillaje de los ojos y parece bruja vieja.
La sonrisa de Tatiana se congeló en su cara; por poco no pudo mantener la compostura ni siquiera ante Fabián.

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