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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 446

El primer día de ventas de los suéteres en el streaming fue un éxito rotundo. El número de compras sorprendió a todos y, por supuesto, no tardaron en aparecer imitadores. Para el segundo día, ya había un montón de transmisiones en la plataforma vendiendo suéteres baratos, cada una con su propia versión económica de un conductor que intentaba hablar con acento de Ladera Dorada y una chica asistente que no mostraba el rostro y solo hablaba en español estándar.

Eso significaba que la audiencia habitual del canal del director Agustín seguramente se reduciría a la mitad.

—Joana, ya hay casi diez mil personas conectadas a ese otro streaming, están copiando punto por punto lo que hicimos ayer. Revisé sus suéteres y ni siquiera tienen la mitad de lana que los nuestros, pero están usando nuestras fotos para promocionarlos. Ya llevan más de mil vendidos —se lamentó el director Agustín, rascándose la cabeza calva con nerviosismo.

—No pasa nada, seguimos con la transmisión —Joana sonrió, sin perder la calma—. Eso sí, hoy vamos a cambiar de lugar.

Joana no parecía preocupada en lo más mínimo. Sabía que cualquiera podía copiar la dinámica de la transmisión y empezar una guerra de precios. Pero la calidad del producto, y sobre todo el porcentaje de devoluciones, era otra historia.

Por si fuera poco, todavía no había publicado el video promocional que había preparado para atraer más seguidores. Especialmente el testimonio del director Agustín, un video que, estaba segura, le iba a abrir los ojos a mucha gente.

Al principio, el director Agustín no estaba tan confiado. Pero al ver la seguridad de Joana, poco a poco fue recuperando la fe en su proyecto.

La segunda transmisión empezó directamente desde la fábrica de ropa, y eligieron hacerla en la mañana.

Sin embargo, tan pronto como comenzaron, el chat se llenó de supuestos “defensores de la verdad”.

[¿De verdad van a comprar algo tan caro? De plano son unos ingenuos.]

[¿Lana de verdad? Si hasta parece que cortaron el pelo a las cabras que andan en el pueblo. Se están aprovechando de ustedes, ¿no lo ven? Venden a cien pesos y ya me parece caro, ¿y quieren cobrar ochocientos ochenta y ocho? ¡Eso ya es precio de marca de lujo! ¿No pueden pensar un poco?]

[Basura de suéter. Mi hija lo usó un día y terminó en el hospital con alergia. ¡Devuélvanme mi dinero, rateros sin alma!]

[Usan el cuento de que la fábrica está a punto de cerrar para estafarnos. ¡Qué descaro! Cierren el canal de una vez.]

—Si no van a comprar, pueden irse del canal. ¡No se metan con mi familia!

[¡Ja! ¡El viejito ya se enojó! Miren, se puso nervioso.]

[Con esa cara se nota que es un tramposo. Se hace el buen padre, pero nadie le cree.]

[¿Y la asistente? ¿Por qué no habla? Yo ya sospecho que el viejo y ella tienen algo raro, qué asco.]

[El viejito con la fea, son la pareja perfecta, jajaja.]

La lluvia de comentarios venenosos no paraba. El ambiente se tensó, y por un momento, hasta el propio Agustín dudó si valía la pena seguir. Joana, en cambio, ajustó la cámara y se preparó para responder.

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