Joana apretó sin darse cuenta el aerosol de defensa personal que llevaba en el bolsillo.
Justo cuando estaba a punto de usarlo, la voz de alguien la sorprendió llamándola:
—Joana.
Esa voz tan familiar... ¿era Arturo?
Joana encendió la linterna del celular.
La cara de Arturo, con esos rasgos tan marcados y atractivos, apareció en la penumbra.
El corazón de Joana se tranquilizó de inmediato, la tensión desapareció de su expresión y dio paso a una alegría tan transparente que no trató de ocultar.
—¡¿Ya regresaste?!
Arturo, al ver la sonrisa de Joana, sintió cómo la dureza en su pecho se desvanecía. Su voz se llenó de un reproche suave, casi como un suspiro:
—Alguien no quiso venir a verme, así que no me quedó de otra que regresar yo.
Joana bajó la mirada y soltó una risita apenada.
—He estado ocupada estos días.
—Está bien, mejor que tengas mucho trabajo.
Arturo no pudo evitar sonreír. Le extendió lo que traía entre las manos.
—Toma.
Recién entonces Joana notó que Arturo cargaba un ramo de flores. En la otra mano llevaba una caja con comida y una bolsa de regalo.
Joana, sin pensarlo mucho, tomó la caja de comida.
—¿Cómo supiste que no había cenado? No, espera... ¿cómo supiste que estaba aquí?
Los ojos de Arturo se iluminaron con picardía.
De un solo movimiento, le puso en los brazos las flores y la bolsa de regalo también.
—Soy más inteligente que cualquier glotona.
Joana tosió, incómoda, y al tener en brazos todos los regalos de Arturo, no supo bien qué hacer.
—Perdóname, no sabía que volvías hoy, así que no preparé nada para ti.
—Entonces... ¿por qué no improvisas un regalo con lo que tienes aquí?
Tatiana apretó los labios, nerviosa.
—Sí, Fabián. La señora solo quiso advertirle al dueño de la tienda para que no se dejara engañar por malas personas. Pero le pagaron mal, la acusaron a ella y hasta llamaron a la policía. Si en verdad hubiera hecho algo malo, ¿cómo la iban a liberar tan rápido?
Por dentro, Tatiana hervía de coraje. ¡Fue culpa de esa Joana y de la vieja bruja de Renata, que solo la metieron en más líos, haciéndola acabar en la comisaría y dándole una advertencia oficial!
Ese agravio no se lo pensaba dejar pasar. ¡Tatiana iba a cobrar venganza, cueste lo que cueste!
Sin embargo, por más convincente que sonara, Fabián mantenía una expresión impenetrable, tan difícil de descifrar que nadie sabía qué estaba pensando.
—Ustedes sabrán lo que hacen.
Dicho eso, se dio la vuelta y subió las escaleras.
Ahora solo podía creerse la mitad de lo que Tatiana decía.
En su estudio, Fabián contemplaba una foto vieja en su celular, donde aparecía junto a Joana.
Ella tenía esa mirada inocente, y una sonrisa que le iluminaba la cara.
Por un instante, Fabián sintió que regresaba a aquellos años, cuando todo apenas comenzaba entre ellos.

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