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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 484

Fabián se echó un trago de licor.

Desde que volvió al país, su gusto por el alcohol se había intensificado día tras día.

No lograba entenderlo: ¿cómo podía el corazón de una persona cambiar tan rápido?

Estaba seguro de que el amor que Joana le había tenido no era falso.

Debía haber alguien metiendo mano, alguien que se dedicó a sembrar cizaña y terminó alejándolo de Joana.

Justo ese día, le llegó respuesta sobre la investigación que había mandado hacer.

Todos los datos estaban en su bandeja de entrada.

Fabián se terminó el trago de un jalón y abrió el correo.

Al ver las fotos, en las que aparecía el tipo que desde hace tiempo tenía intenciones con Joana, y donde incluso se veía a Cristóbal acercándosele paso a paso, Fabián sintió cómo la sangre le hervía.

Sabía que ese Arturo tenía malas intenciones con Joana; gracias a esas artimañas tan bajas, la había engañado y confundido, haciendo que ella cometiera errores y hasta malinterpretara las cosas con él.

La relación entre él y Joana se fue enredando precisamente por culpa de Arturo, que lo fue envenenando todo poco a poco.

Pero para colmo, el poder del Grupo Zambrano en Mar Azul Urbano superaba al de la familia Rivas por mucho.

Fabián, furioso, aventó el vaso contra el suelo.

No podía quedarse de brazos cruzados. Aunque no pudiera hacerle nada a Arturo directamente, al menos tenía que abrirle los ojos a Joana y mostrarle quién era en realidad.

Desde el principio, Arturo no había sido más que un saboteador, un tipo que se metió a propósito para arrebatarle a Joana, poniendo todo patas arriba.

Solo tenía que mostrarle la verdad a Joana, que ella viera por fin las verdaderas intenciones de Arturo, y estaba seguro de que no seguiría con él.

Su corazón le decía que podía perdonar los errores que Joana había cometido en ese tiempo con él, mientras regresara a su lado. Todo volvería a ser como antes.

Joana seguiría siendo la señora de la familia Rivas. Él anunciaría su identidad ante todos y la cuidaría más que nunca.

Con la decisión tomada, Fabián salió disparado de la oficina, dispuesto a ir esa misma noche al departamento de Joana para decirle todo, sin importar la hora.

Ni siquiera escuchó las preguntas de Tatiana.

Tatiana lo observó marcharse como loco y su ánimo se llenó de dudas.

¿Sería por secuelas del accidente de carro?

Cada vez le costaba más descifrar a Fabián.

—Señor Zambrano, ¿no le parece demasiado estar tan tarde con mi esposa? No me diga que no tiene vergüenza.

—¡Fabián, suéltame! —protestó Joana, notando cómo el brazo le dolía por el apretón.

Intentó zafarse, pero Fabián era mucho más fuerte.

Arturo lo fulminó con la mirada y se puso entre los dos:

—Déjala en paz, la estás lastimando.

Fabián gruñó:

—¿Y a ti qué te importa lo que haga con mi esposa?

—Señor Fabián, le haría bien despejarse la cabeza —reviró Arturo, protegiendo a Joana tras él—. Cualquier cosa que vaya en contra de la voluntad de una mujer es pasarse de la raya.

—¡Joana es mi esposa!

Las venas en la frente de Fabián se marcaron de la rabia.

—¡Tú no tienes nada que meterte! Eres un oportunista, solo viniste a meter cizaña y a querer quedarte con lo que no te pertenece. ¡No tienes derecho a decir nada!

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