[No puede ser, yo sé un poco de lenguaje de señas, y lo que ella dijo hace rato fue que una señora se la llevó gente mala.]
[Los niños no entienden, seguro sus papás no le explicaron bien y por eso se asustó.]
[El señor Fabián es tan tierno, ni me imagino lo feliz que debe ser estar casada con él.]
A un costado, Tatiana miró cómo Fabián intentaba tranquilizar a la niña con tanta dulzura, y no pudo evitar que un destello de celos cruzara por sus ojos.
Tatiana, sin mostrar nada en su cara, se acercó también y acarició el cabello de la pequeña, sacando un pañuelo para limpiar su rostro lleno de lágrimas.
—¿Qué te parece si primero te llevamos a casa, sí?
Gloria, con las mejillas empapadas, miró a ese grupo de adultos que no entendían nada de lo que quería decir.
Solo lamentaba no poder decir nada en este momento.
Pero por los murmullos de la gente, ya había captado quién había secuestrado a Joana.
¡La familia Gálvez había confundido a la señora con su hermana!
¡Tenía que regresar rápido a buscar a su hermana y poder salvarla!
Con esfuerzo, Gloria apoyó las manos en la tierra, intentando ponerse de pie, pero el dolor en la pierna la hizo jadear.
Fabián siguió la dirección de su mirada y notó que su pantalón estaba roto, arañado por alguna rama.
El pantalón era oscuro y la luz escasa, por eso no se había dado cuenta cuando la cargó.
—Doctor Patricio, ¿podría revisarla por favor?
Fabián miró hacia el grupo, enfocándose en el médico que casi no había hablado, y cuando lo hacía, siempre le llevaba la contraria.
—Sí, doctor Patricio, venga rápido, parece que la niña se lastimó —agregó Sofía con una voz tan suave que ni ella se reconocía.
Como mujer, Tatiana entendía muy bien las intenciones de Sofía.
Quién sabe cuántos años se habrá quitado de encima, y todavía se atrevía a llamar “hermanita” a la niña. Qué descaro.
Patricio miró a la pequeña, que en brazos de Fabián parecía un gatito asustado.
Aunque Fabián le caía mal, la niña no tenía la culpa.
Con el ceño fruncido, Patricio salió del grupo.
Sacó su kit y examinó la pierna de Gloria.
—No es grave, solo es una herida superficial.
Patricio la vendó y le dio algunas indicaciones básicas.
Ya que de todos modos iban al pueblo, decidieron llevar primero a la niña a su casa.
Fabián la cargó en brazos.
No tardaron en llegar a la casa de la familia Luján, donde tocó la puerta.
¿Qué hacía ella aquí?
Isidora, nerviosa, tartamudeó:
—¿Ustedes… ustedes necesitan algo?
Gloria forcejeó para bajarse de los brazos de Fabián.
De pronto a Isidora se le encendió el foco:
—¡Oye, Gloria! ¿No dijo tu hermana que ibas a llevar a Joana a la escuela? ¿Por qué regresaste sola? ¿Dónde está Joana?
Miró alrededor, tratando de divisar a Joana, pero no la vio por ningún lado.
Al oír eso, el corazón de Fabián dio un salto.
Un mal presentimiento se le metió en el pecho.
Rosalía, que también oyó el alboroto en la puerta, salió de inmediato.
—¿Qué pasa aquí?
Gloria, desesperada, empezó a hacer señas.
A Rosalía se le resbaló la charola que tenía en las manos.
—¿Dices que la señorita Joana fue secuestrada por la familia Gálvez?

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