Tatiana se rio para sus adentros, con una mueca amarga.
¿De verdad era culpa suya que Fabián no quisiera regresar a casa? ¡Si ahora ni siquiera respondía sus mensajes!
Las palabras de Renata también le rondaban la cabeza. Desde que Fabián volvió de Nubilaria Urbe, su actitud era extraña, completamente distinta a la de antes.
Y Joana, esa desgraciada, tenía una suerte increíble: la rescataron, pero al final todo quedó en nada, puro escándalo y poca consecuencia.
Desde ese día, Fabián se volvió un fantasma. Prometió que la acompañaría a grabar el programa, pero solo estuvo presente los primeros dos días.
Había puesto a alguien a vigilarlo y, según los informes, Fabián no había ido a buscar a Joana.
¿Será posible que exista otra mujer?
Tatiana dudaba, pero la sospecha le carcomía el pecho.
Al enterarse de que Fabián no volvería a casa para cenar, ordenó a la cocina que prepararan una sopa especial, la mandó empacar y se dirigió al Grupo Rivas.
Apenas llegó, la recepcionista la vio y la saludó con una sonrisa radiante:
—Señorita Tatiana, qué gusto verla.
Tatiana, que por lo general ni volteaba a ver a ese tipo de empleadas, ahora que Fabián se la pasaba metido en la oficina, no pudo evitar sentir una punzada al ver esa cara joven y sonriente.
Puso cara de pocos amigos y reviró:
—¿Te parece tan divertido?
—No... no, para nada —la sonrisa de la recepcionista se borró al instante y bajó la cabeza.
Al ver a Tatiana alejarse, la joven murmuró entre dientes:
—¿Y ésta qué se cree? Pobre ilusa...
Una más que se sentía la dueña por ser la amante.
Tatiana sentía cómo la rabia le hervía por dentro. Al llegar a la oficina de secretaría, solo encontró a un asistente, nada de Andrés.
—¿Dónde está Fabián?
—S-Señorita Tatiana, el señor Fabián... está descansando. ¿Quiere esperar un momento?
El asistente miraba unos contratos y la aparición repentina de Tatiana lo sobresaltó tanto que hasta tartamudeó.
A Tatiana le pareció que ese muchacho escondía algo. Su mirada esquiva le pareció sospechosa.
—¿Y los demás?
Arrugó la frente, los ojos le brillaron con desconfianza.
—¿Dónde está Fabián? ¿Me estás mintiendo?
—Señorita Tatiana, el señor Fabián está en la sala de descanso —el asistente contestó en voz baja, pero ya estaba harto por dentro.
Él nunca dijo que estuviera en la oficina.
Desde hacía días, Fabián prácticamente vivía en la empresa, usando la sala de descanso como su habitación personal.
Tatiana, furiosa, avanzó con pasos firmes y el taconeo resonó en todo el pasillo.
Al llegar a la puerta de la sala de descanso, escuchó una voz femenina cargada de insinuación.
—Señor Fabián, ¿se siente bien así?
—Si este lugar le resulta incómodo, podemos probar otra posición.
—Aquí está muy duro, no se vaya a lastimar por el trabajo.
Las palabras subidas de tono hicieron que la sangre se le subiera a la cabeza a Tatiana.
Sin pensarlo, empujó la puerta con fuerza. Lo que vio la dejó helada: Fabián estaba recostado de lado en el sofá, mientras una mujer con ropa provocativa le masajeaba los hombros a escasos centímetros.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo